Tres horas más tarde ambos tomaban de la
misma copa y fumaban tan satisfechos, logrando hacer una escena propia de recién
casados, risas infundadas demostraban la embriaguez de la mujer y el hombre solo sonreía y la miraba con ojos
perdidos en algún pensamiento…Debo traer más vino dijo y se marchó a la parte
trasera de la casa, tomó en sus manos la hoz y fue en busca de su amante ya casi
perecida. La mujer tendida en la cama dormida proporcionó la atrocidad que iba
a cometer, no era lo que él esperaba pero de igual forma lo disfrutaría; la
tomó por los brazos y la cargó hasta la habitación vecina que desde hace mucho
tiempo había permanecido vacía. Ella despertó por un instante intentando
librarse de los brazos de Ricardo, este le susurró al oído diciéndole
suavemente que guardara sus fuerzas; la tiró sobre las ruinas de una antigua
cama y empezó a golpearla con todas las fuerzas que su alma le permitía, al
primer golpe la mujer perdió toda esperanza y quedó inconsciente con una lluvia
de sangre descendiendo de la nariz, el sonido de la respiración agitada del
enfurecido hombre y el terrible sonido de los huesos partir era la música del
siniestro momento que parecía apenas comenzar. Tomó la hoz una vez más con sus
grandes y manchadas manos sintiéndose el más grande de los hombres, dándole fin
a la vida triste y regalada que solía llevar la ahora difunta.

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