jueves, 31 de julio de 2014

Los pensamientos de Ricardo II

Tres horas más tarde ambos tomaban de la misma copa y fumaban tan satisfechos, logrando hacer una escena propia de recién casados, risas infundadas demostraban la embriaguez de la mujer  y el hombre solo sonreía y la miraba con ojos perdidos en algún pensamiento…Debo traer más vino dijo y se marchó a la parte trasera de la casa, tomó en sus manos la hoz y fue en busca de su amante ya casi perecida. La mujer tendida en la cama dormida proporcionó la atrocidad que iba a cometer, no era lo que él esperaba pero de igual forma lo disfrutaría; la tomó por los brazos y la cargó hasta la habitación vecina que desde hace mucho tiempo había permanecido vacía. Ella despertó por un instante intentando librarse de los brazos de Ricardo, este le susurró al oído diciéndole suavemente que guardara sus fuerzas; la tiró sobre las ruinas de una antigua cama y empezó a golpearla con todas las fuerzas que su alma le permitía, al primer golpe la mujer perdió toda esperanza y quedó inconsciente con una lluvia de sangre descendiendo de la nariz, el sonido de la respiración agitada del enfurecido hombre y el terrible sonido de los huesos partir era la música del siniestro momento que parecía apenas comenzar. Tomó la hoz una vez más con sus grandes y manchadas manos sintiéndose el más grande de los hombres, dándole fin a la vida triste y regalada que solía llevar la ahora difunta.



Los pensamientos de Ricardo

Ricardo se sentía como nunca antes se había sentido, tenía un aire de éxito que nadie en aquella noche se lo quitaría, se sentía libre y volando sobre la ciudad completamente iluminada. Pensó en darse un gran banquete de gratificación, ¿por qué motivo? aún ni él mismo lo sabía pero era necesario celebrar. Se dirigió a la primera taberna que se encontró y gasto una gran suma de dinero en licor, a su salida observó una venta de cigarrillos y se detuvo a escoger el mejor que le serviría para esa noche de gloria. Compró varios paquetes y los guardó en el bolsillo mientras miraba fijamente a una chica mal vestida que descansaba en la barra; sus labios de un rojo intenso lo llamaban a pecar, su cuerpo impresionante terminó de impactarlo llevándolo a un abismo de seducción. Por un instante se rehusó a la idea que rondaba en su cabeza pero la belleza de la que dudosamente se puede llamar dama lo convenció ofreciéndosele a ser la cereza que adornaría maravillosamente la noche perfecta de Ricardo.



Vale la pena


Mujer:
Cuánta hermosura mis ojos tropezaron aquella tarde de resignación. Y me dije en voz susurrante: "qué bonita manía de irse por lo difícil , detrás de aquello que no sé si resultará". Cuánta belleza avisaron mis ojos cansados de lágrimas y de soledad, y me dije en pensamiento: "vale la espera y el riesgo, porque esta puerta abierta invitándote a entrar vale la pena cruzar y habitar."





Un poema a diario para enamorarte

Un poema en el desayuno, en el almuerzo o en la cena. Un poema en la noche, mientras caminas de tu trabajo con los hombros cansados, susurrarte versos en el oído, como fantasma, como psicofonía casi imperceptible. Un poema en la ducha, sorprenderte e inundarte las mejillas con un rojo intenso, decirte que me gustas empapada, despeinada y en silencio. Un poema para dormir, uno que te acaricie los sueños y despeje las preocupaciones, un poema blando y dulce que relaje tus ojos y te hagan dormir en paz entre cielos, entre nubes, lunas, estrellas y besos. Un poema cuando te sientas triste y mala, uno que te diga sin rima alguna que eres la mejor , mi mejor humana. Un poema en silencio sin letras, sin mi, uno que quede en tu aire, volando en tu techo, iluminándose cuando las luces se apagan y te escondes a llorar en silencio. Un poema en la despedida, uno con risas, con sentimiento puro de mi corazón deshecho. Un poema a diario para enamorarte, para hacerte sentir la más sublime de todas las mujeres en el mundo entero, un poema que guardo y que aún mis dedos no escriben, un poema que ningún poeta ha hecho. Un poema en tu cama, en tus calles, en el sofá que disfruta tu cuerpo, un poema que dicte mi nombre, que se enrede en tu cabello, un poema que bese tus labios, un poema que te enamore durante el invierno. A diario te escribo, mi dulce, un poema que te enamore de mi, de mi amor que ha quedado en silencio.



Te extraño

Todos los días te extraño, pero hoy en especial, extraño tu aroma, el de tu piel, el de tus labios, el de tu mirada. Extraño tu forma, tus manos sueltas, tu cabello, extraño todo de ti. Los pasos de tu cama a mi, las miradas detrás del reflejo, los besos en espera, las noches en tu cuerpo y despertar amarrada a ti. Hoy en especial, extraño el frío de tu habitación y la sutil manera que tenías de quitármelo; extraño tu sentir, tu tiempo y tu guitarra. Extraño tu voz levantándome el ánimo, extraño las alas que me regalaste, el cielo aquel estrellado, en fin, extraño la vida que tenía a tu lado.



Te espero


Te esperaré siempre, te amaré hasta el último suspiro, hasta el último soplo de vida, hasta el último paso por mis calles. Te esperaré aun cuando sé que no vendrás, aun sabiendo que olvidaste mi dirección, mi número de teléfono o las facciones de mi rostro. Te esperaría aun sabiendo que de tu memoria me borré para siempre, enloqueciendo en esta espera estaré siempre, viendo mis esperanzas agonizar y la muerte total de mis ilusiones. Te esperaré aunque diga que ya no te espero, te sigo esperando cuando digo que ya te olvidé, sin importar el destino y el final de esta vida, sin importar los caminos tan diferentes y separados que me alejan de un roce o de una mirada tuya. Juro y mantengo mi juramento de esperarte siempre, en mi puerta, en mi habitación, en mi sala o fuera de estas paredes. Te amaré aunque no sepa decírtelo, aunque no quieras saberlo, aunque lo hayas olvidado. Te amaré y te esperaré aunque sé que amarte y esperarte sea solo parte de mis sueños, de mis fantasías diarias. Te amo y te espero, así no llegues nunca, te esperaré.
PD: "..............Te espero"




Te amo


Te amo, te amo con culpas y sin ellas, te amo con mis lágrimas y mis sonrisas disfrazadas.. Te amo con mi corazón que hoy no quiere latir, te amo con mi sombría mirada y el hueco en mi cama de tanto perecer en ella. Te amo escondida en estas paredes que conocen mi dolor y desesperación. Te amo ante todos y disimulando estar bien, te amo sin rencor y con tu lazo, te amo con ella y sin ella, te amo con tus historias y personajes del pasado. No podría dejar de amarte así, de una puesta de sol a la luna, no podría.



Soy tuya en los días que....


Soy tuya en cada día de esta semana, en todos los meses que la vida le suelta a mi destino. Te pertenezco porque fuiste tú quien descubrió mis secretos y me amó aun cuando ni yo podía hacerlo. Te amo porque me recuerdas que yo en la vida soy y que la vida mía es algo en alguien, en ti. Que el mundo con mi existencia se pinta de colores y el universo voltea a mirar este rincón que se ilumina a lo lejos. Te amo porque me reconoces los errores y me limpias con tu sangre. Me invitas a saltar cuando yo tengo miedo de caerme, me ayudas en las derrotas y me celebras las victorias. Te amo por ser quien soy cuando estoy a tu lado y por ser tú la mujer que despierta en mi lo apagado. Te amo porque lo mereces , por ordenar este desorden humano, por soportar mis heridas, por dejar atrás mi pasado. Hoy a los 20 días de tanto amor te amo, hoy a las 1600 horas te amo, hoy y mañana te amo, y en esta camino largo que queda por recorrer, te amo.



Sola


A veces estoy sola y me doy cuenta tarde. Camino en solitario y silenciosa, sin ánimos de levantar sospechas de que existo. En un bullicio interminable me doy cuenta que las voces que se alzan no pronuncian mi nombre ni siquiera avisan mi estampa. Pero solo tarde me doy cuenta que estoy sola, y de que camino sola no sé a dónde. Miro encima de los hombros, de los sombreros, de los sueños y no reconozco a nadie, solo a mí, en un mar secreto de gente que no combina conmigo, que no sabe de mi, que no me ha visto.



Una despedida sin sentimentalismo

Me dispuse a escribirle una carta después de verla ir:

Con una sonrisa irónica y unas cenizas de papel te dejo ir porque a mi lado no perteneces. Nunca hiciste tu sitio a mi lado, ahora dormir se me vuelve un horror, te miro siempre en la almohada que lanzo al suelo cada noche. Ahí permanece largo tiempo hasta que olvidarme de tu aroma ya no quiero. No fuiste mía ni de nadie, o quizás, fuiste de aquel, de tu sueño irrealizable y de tu tortuoso orgullo que me golpeaba en la ducha, en la cena y a veces en el jardín de espinas que tienes por piel. Ahora caminar con tus pasos se volvió mi hábito de los 15 de cada mes, de tus años 15, de nuestros años y de mi vejez. Terrible decisión dejarte ir, pero peor era que te quedaras aquí, en este sitio que no es mío y que no te invito a que lo hagas tuyo. Te dejo porque no sé inventarte, reconstruirte, porque ya no sé amarte sin que duela, sin que sufra. Nunca fui tuya, jamás lo seré porque así lo quise, porque así me dejaste ser. Y por si lo dudaste alguna vez, te recuerdo que te amé, aún cuando deseo odiarte ahora , aún cuando quise odiarte ayer. Me despido sin sentimentalismo, para siempre y por mí, te olvidaré.



Sé de mi contigo


Sé que es innecesario contar lo que nadie quiere leer y gritarte desde aquí, jamás me escucharías. Sé que sonaría irreal, incierta, mentira. Sé que ahora soy yo quien corre detrás de tus pasos y no ha quedado nada, más que un fugaz destello de tus tacones. Sé que sueno a falsedad y a poco, pero por ti siento tanto que me callo para no dañarte más, para que no crezca tu ira, para que no busques la forma de llorar. Tranquila, yo lloro por ambas, aunque mis lágrimas no te sepan a nada, aunque creas que estoy de maravilla.




miércoles, 30 de julio de 2014

Olvidarte

No espero que vuelvas, solo espero olvidarte. Dejarte en un rincón de mi memoria, que te cubras de polvos y telarañas. Hundirte en el olvido para siempre, no recordar tu nombre y borrar nuestra historia de mis páginas. Tropezarme contigo por la vida y saber que eres una extraña más, una más que transita por donde yo suelo transitar. Dejarte en el pasado sin retorno a mi futuro, sacarte de mis sienes, de mis ojos y mis labios. Beberme la última fotografía o quemarla en tus abrsurdas decisiones; sentir que no estás y que nunca estuviste. Lanzarte al precipicio con premeditación y alevosía. No sentirme culpable, pues, tú tan solo nunca exististe, superar tu partida y sonreír porque no seguiré esperándote, olvidar tu dirección y jamás recordar mis paseos por tus calles. Destruir mis ilusiones y aterrizar de una vez por todas en la realidad. Sí, dejar de pensarte como te pienso. Vivir sin ti en mis recuerdos, cambiar mi memoria por la de un niño, cambiar mi destino por alguien que no te ha conocido, sentirme libre de tu rostro y de tu apariencia, olvidar tu sabor y la suavidad de tus manos, inventar que todo fue un sueño, un triste y maravilloso sueño. No espero que vuelvas, quédate donde estás y no lances mas tus destellos a mi oscuridad. Solo espero olvidarte.



Te quiero tanto que no sé decir

Eres mi sin fin de anécdotas, mi volcán de luna llena. Te quiero tanto que no sé, que no sé vivir la vida si no es contigo. Eres mi dulce día y mi noche fresca. Te quiero tanto que no sé, que no sé habitar este mundo sin tu presencia. Me haré dueña de tu cuerpo para dibujar sobre él los besos que se desprenden de mis labios, he de amarte tanto, que no sé, que no sé callarlo. Y andaré de contrabando persiguiendo tus huellas, tu aroma , y los besos aquellos que sueño, los perseguiré; hasta arrinconarte y exprimir el último suspiro que te llena el alma. Te quiero tanto que estremezco al pensarte y sentirte, aunque ausente estés, aunque lejos de mi te encuentres. Te hago mía en todas las noches que vivo tu silencio, me entregas la sombra de tu cuerpo y yo bailo contigo, y te quiero, y no sé decirlo, pero te quiero y me hago culpable y condenada. He de morir en tus labios, he de vivir en tu alma, he de vivir en silencio, con tu voz y tus labios, con tus labios y tus besos. Te quiero y no sé, no sé pero te quiero.


No hay espacio

Ya no hay espacio sano para otra herida. Las cicatrices hacen de las suyas, cada vez que las toco con la yema de mi memoria, se vienen miles de historias con sus respectivos antagonistas. Esos nudos infinitos y sin moralejas que se quedan absorbiendo mi optimismo, esos conflictos interminables y espinosos donde la heroína siempre fue derrotada detrás de los arbustos llorosos. Definitivamente, ya no hay espacio para tantas heridas nuevas, tendré que acumularlas en un rincón del alma mientras veo donde envolverlas , procuraré que sea en un sitio que no haya sido tocado antes por manos malévolas. Sera un sitio sagrado, donde cada cicatriz sera tan visible que hablaran por sí mismas, contaran sus anécdotas y llorarán por mi lágrimas amargas. No, lo siento. No hay espacio para otra herida.


No es el fin

Ver la sangre en mis rodillas me despertó de aquel sueño donde no sentía dolores y donde las heridas huían de mi piel. Ver la piel rasgada me puso de pie, el dolor me hizo fuerte, la derrotada me hizo valiente y el levantamiento me hizo nueva mujer. El dolor que ardía me dio fuerzas, me hizo correr de nuevo con pasos firmes y decididos, pude tomar impulso y no mirar atrás, pues, mirar atrás fue lo que provocó la caída. Vista en frente, perdida en el horizonte, sonrisa en los labios y la certeza de que una caída no significa el fin de la carrera.


Mis cartas

Mis mejores cartas fueron escritas una noche de tormenta, de frío, de fuego en la chimenea y de un dolor agudo en el pecho. Tomé mis plumas y me senté en el frío piso de madera con una copa de vino blanco a un costado........

Regresé empapada por la lluvia y con las cartas disueltas en el maletín negro. Eran cinco cartas que debía haber dejado en el buzón esa mañana, pero el despertador descompuesto, la lluvia, el tráfico o el destino me jugaron una mala pasada. Jamás concreté mi objetivo, corrí hasta el buzón con las cartas debajo del brazo para protegerlas de la lluvia pero fue en vano el esfuerzo. El buzón había cerrado sus puertas y yo me hallaba empapada frente al cartel de "cerrado" con las cartas en la mano recibiendo las gotas espesas. Caminé hacia el auto con total paciencia y tristeza, mis palabras estaban ahogadas en un charco de tinta y agua, y mi corazón nadaba en un charco de dolor y desesperación. Sentí por un instante que la lluvia me relajaba de ese malestar que mi corazón padecía desde ese día fatídico, pero el frío era tal que sentí pena conmigo y me refugié en el auto. Volqué los sobres húmedos en el asiento trasero y conduje sin mucho afán hacia el hogar vacío que me esperaba para asesinar mis ilusiones. Eran las mejores cartas escritas, la mejor ortografía, la mejor rima, perfectos márgenes y perfecta caligrafía. Pero todo eso era decorativo, el contenido era lo mejor, puro sentimiento, amor. Sí, mucho amor, dulce y mágico. Algunas palabras hirientes y otras halagadoras, una que otra escena nostálgica y descripciones en abundancia. Acostumbraba a describir la belleza de sus sentimientos y cómo me hacían sentir. Ahora, todo ese evento artístico estaba arruinado, despojado de toda sutileza y perfección. Mi corazón se desangraba poco a poco y no me quedó de otra que llorar al pie de la chimenea, acostada en la madera fría sin más que lamentarme por lo que no dije en su debido momento. Tomé hojas blancas y mis dedos bailaron con las plumas bañadas en tinta. La tormenta rugía, el fuego se empañaba, pero crecía luego cuando me miraba temblar, la copa de vino a un lado y las mejores frases estaban por empezar.

La primera carta fue de agradecimiento: "Gracias,amor de mi muerte, no de mi vida, la vida a cuestas se escapa. Gracias por complacer placeres dementes, por bailar conmigo en la alfombra mojada, por entrar a esta casa desnuda, por amarla como me amaste, como se ama un sofá cómodo de años, con sus huellas y sus cuerpos marcados........ Olvidaste algo, lo dejaste en la almohada."

Al termino de la primera carta la copa de vino estallaba en pedazos contra el muro de ladrillos.

La segunda carta fue de preguntas vacías: " ¿Cansada estabas de esta chimenea humeante? ¿O de los desayunos en la cama? ¿De la rosa en la ventana o de los pinceles que te dibujaban? Cansada estabas, no me lo dijiste, huías de mis brazos para sembrarte para siempre en brazos ficticios, llorosos, de mentira. ¿Qué hacías en mi espalda dibujando corazones? ¿Con mis besos a hurtadillas y mis caricias escapadas en el ascensor? ¿Cuándo creciste, corazón sincero, y encontraste tu camino lejos de mi?"

La tormenta crecía, enfurecía su fuerza y el dolor desgarraba las arterias de mi corazón. Caminé a ciegas, con los ojos abiertos y con el sentido en las letras, en la tercera carta. Esta la escribí en los escalones que daban al jardín iluminado por los relámpagos.

Fue una carta de reproches y defectos: "Cuánto mentiste, amor de mis días, cuánto luchaste por mi en una guerra inventada. Cómo sangrabas heridas dibujadas, sin sentido, ni lágrimas. Fue mentira tu estadía en mi cama, en la cama de los recuerdos, de los perfumes, de tus piyamas que hoy quemo en el fuego que me mantiene con vida, en estos días de frío e invierno. Mentira y un poco de risa en tus besos, reías por dentro como burlándote de mi cara cuando te la comías con deseos de que fuera otra, con otro aspecto, otra vida, otro fuego. Callabas tomando mis dedos, estos dedos que hoy te escriben sin saber porqué, sin encontrar motivos para este duelo que llevo por dentro, con mis sombras y tus tacones rotos desangrándose en silencio."

La lluvia lloró encima de estas últimas palabras y me derribó encima de la alfombra mojada. Decidí ponerle sabor a la cuarta carta y fui hasta la cocina en busca de esa botella de vino blanco que me ayudaría a culminar este crimen contra mi orgullo. Me desvanecía encima de hojas blancas, un trago más e iniciaba la cuarta carta, fue una carta de lluvia, de canto, de llanto y amores, en el sofá con tu cuerpo reflejado:

"La letra huye de mis dedos, mi amor de días, de noches, de años. Recuerdo tus labios, tus sencillos dientes, tu lunar de perla, tu caminar descalzo. Ahuyentabas la noche con la sonrisa intensa, huían los soles con tus ojos abiertos, mirándome como despidiéndote de mi presencia. Cansada y ausente, vivías de incógnito. Escondida en estas paredes que tanto saben y poco hablan. Cuando estabas y llovía podía oler el amor impregnado en el aire, olor a rosas, a ti. En toda la casa excepto en el jardín, podíamos ser descubiertas por algún espía y condenarnos a la vida perpetua sin ti, sin mi. Cuando anochecía y estabas, bailaban mis caderas a tu ritmo, con tu música, con tus dedos y tu silueta. Bendita presencia la tuya, mujer descalza, jardín de vida, de piel perfecta. Mujer mentira divina, música, canto, lluvia. Ahora todo se define con otro concepto desde que ya no estás." 

La carta número cinco fue quemada después de haberse terminado, demasiada tragedia tenía ya desde aquel día fatídico como para abonar un poco más de tragedia impresa. Ahora, repito mientras el cansancio me domina, sin que nadie me escuche: " Mis mejores cartas fueron escritas en una noche de tormenta, fuego, vino blanco, llanto y cenizas."




Carta a mi amor dormida III

No contemplo la idea de borrarme de tu historia, quiero permanecer en ella y escribirte mil páginas de cuentos bonitos, con hadas, lunas, duendecillos y ruiseñores. No pretendo marcharme, quiero quedarme para florecerte la mirada y llenarte de soles. Ahora que duermes te susurro al oído, te hablo bonito y callada , te acaricio la mejilla, la beso, y escribo mis versos de amor en tu mirada. Te haré reina de esta vida mía desastrosa y desordenada, llenaré mis paredes con tu nombre. Ahora que duermes te amaré en silencio con pasitos de puntillas, te recorreré calladita y dejaré un sembradío de besos en tu espalda. Dejaré un millón de cartelitos en tu piel para que no olvides quién te visita y quién te dibuja en un papel. Ahora que duermes, mi dulce, te extraño; te imagino dormida en mi pecho y te beso los ojos , las cejas, las palmas de las manos. Te beso los labios que musitan en sueños, y te canto al oído miles de te quiero. No contemplo la idea de alejarme de tu historia, no ahora que te he encontrado, tan perfecta como te he imaginado.

Meditación, suspiros, respiros y algo más II

Hoy es buen día para estar enamorada. El cielo llora con interminable afán, el frío cobija mis huesos y una cama a oscuras me espera para soñar. El cantar de las gotas en el techo me hunden, me alzan, me despiertan y me acarician la piel. El humo, ese humo blanco que se cuela por la ventana y el olor a café recién colado me llena de paz y de ti. El gato dormido en el sofá, el perro lamiendo mi sonrisa y tu ahí , como inmóvil, con los ojos bien abiertos mirándome fijamente. Mis calcetines verdes rasgados por los años me protegen del frío sudor del piso, la chaqueta con los bolsillos tibios y finalmente la taza de café caliente en la orilla de la mesa. Me detuve a ver el agua correr por la calle frente a mi casa, venías empapada corriendo entre los pequeños techos que sobresalían de algunas casas, me miraste de lejos y sonreíste con mucha gracia. Respondí a tu sonrisa y bebí un sorbo del café que empezaba a entibiarse. Me senté en el sillón de madera y soñé, canté, bebí, susurré, escribí y te vi llegar con un ramo de rosas azules traídas de un mundo extraño . Sonreí una vez más y bebí otro sorbo de café ,de ese café que se empezaba a enfriar. Estabas llena de soles, la mirada te brillaba y la piel emanaba un rico olor de primavera. Te seguí hasta el fondo de la cocina y como de sorpresa te abrace por la cintura, amarrándote a mi, evitando que te fueras otra vez, evitando que la lluvia te empapara, cuidando tus soles y tu brillo, te abracé con fuerza sin despegar mis labios de tu cuello tibio. Y como humo, como ese humo que se coló por la ventana, te colaste de mis brazos, y bebí, bebí otro sorbo de café, de ese café que se había vuelto sombra, se había vuelto frío, hielo, nada.


martes, 29 de julio de 2014

Equivocaciones

La mañana del 30 de junio decidí ponerme los zapatos rojos con trenzas blancas, pensé que me combinarían con la chaqueta negra que tanto me gusta. Pero ese día mientras caminaba deprisa hacia mi trabajo alguien me susurro al oído: "pareces una payasa desabrida", el ánimo se fue al suelo y me miraba de reojo los zapatos rojos de trenzas blancas hasta odiarlos y fue ese día cuando comenzó mi interminable afán por equivocarme con cuanta oportunidad me presentara la vida. La noche del 2 de julio me sentí valiente y salí a compartir un trago obligado y un baile inquietante con un grupo de amigos, esa noche , decidí usar el perfume que había comprado el día anterior, pero el aroma penetrante en mi nariz hizo una fiesta de estornudos y morí con un pañuelo en el bolsillo y una alergia de mil demonios. Como verán me había vuelto a equivocar frenéticamente en tan solo pocos días. Quizás la mala decisión me había vuelto una víctima del fracaso, pero lo realmente preocupante no había comenzado todavía, las equivocaciones con los seres humanos sería la peor pesadilla. En el entretiempo me equivoqué con el tapete de la cocina, con el arroz en el supermercado, con el ramillete de flores los domingos , con el modelo de celular y hasta con el estilo de caminar, pues ese pasito apurado y solitario que me caracteriza me hizo rodar cuesta abajo partiendo mis rodillas. Conocí a Hellen, a Elisa, a Mónica y a Kamila y las equivocaciones sobrehumanas se guindaron como monigotes burlescos en las ventanas y en las cortinas. Mi fracaso inminente me convirtió en un fracaso de sandalias y buena pinta, sin aquellos zapatos rojos, pues termine tirándolos en la alcantarilla. Amé a una, adoré a la otra, pensé casarme y hasta formar una familia pero mientras pasaba por paredes de espejos en una pasillo, descubrí que me había equivocado de persona, de amores, y hasta de vida. Y de tanto cansarme por equivocarme decidí tomar el primer tren que se alejara de todos, decidí marcharme a un sitio, a un sitio donde yo y mis equivocaciones sean tomadas como bendiciones y no como problemas sin salida.

El 20 de julio ya instalada en una vieja casa hotelera comencé a arrimar en un rincón un millón de recuerdos que por tener valor sentimental no quise abandonar. En cada uno de los objetos que atesoraba había una historia con cara de mujer, con cara de olvido, y por supuesto, un sin fin de equivocaciones que para no hacer esto traumático resumiré. Para hacer el inventario necesario de recuerdos me preparé una taza de café y por azúcar, sal le eché. Es que el traje de locura y distracción me sienta tan bien que cuando no cometo un desatino el destino me cambia la taza de café por una de té. Lo cierto es que me topé con un papel arrugado y sucio de tanto manoseo pero muy bien guardado en un sobre rosa. Entre líneas pude leer que alguien de años atrás creyó amarme y ser feliz conmigo, pobre de aquel que consumiera esas letras, solo fue tinta y papel, nada de cierto en ese testamento amoroso que ahora es un recuerdo de ayer. Equivocada estuve al pensar que alguien que te muestra el corazón y lo abre a tu llegada sea incapaz de herir, de lastimar y hasta de arrancarte las entrañas. Pero vagando entre otros recuerdos equívocos, me tropecé con: un pincel manchado de gris , perteneciente a una dama de azul que lo dejó por olvido en una paisaje mío. Un pañuelo bordado de una tal Paulina que me enamoró en una esquina de hotel. Un disco obsoleto de romance, ese lo encontré tirado en una zanja encharcada una madrugada de regreso a casa. Un álbum de fotos mías, de cuando el sepia estaba de moda y el blanco y negro de risa. Un beso en un cuaderno, un lápiz con el nombre de una mujer, maquetas de un pueblito, unos patines viejos, el envoltorio de un chocolate dulcísimo que me regaló un amor del colegio, un 01 en química haciéndole honor a mi equivocada ciencia, unos papelillos abocando mi infancia y unos afiches de Cortázar. Lo cierto de todo es que cada objeto me pudo haber hecho tomar caminos opuestos, pero es que yo siempre decido caminar por las orillas de los caminos así me pierda, así me corte la maleza, siempre sigo de frente aún cuando he leído fin del camino.

Será porque abuso de terca y me empeño en guardar recuerdos que hoy no valen nada o será que cada uno de ellos me recuerdan lo que no debo hacer ahora con estos años que cargo en la mochila. Por eso me equivoco al escoger unos labios que se parecen a otros labios, porque yo quise besarla en silencio y ella quiso hacer solo ruido. La mañana del 15 de agosto tomé el primer bus que pasaba por la avenida con destino a no sé dónde ni me importaba, ahora jugaría al azar y le dejaría a mis pasos la libertad de transitar por donde la vida transita sin avisar, ni dejar huellas pintadas. Dejé de tomar café, deje de cargar recuerdos y me propuse coleccionar unos nuevos que no pesaran tanto,que no dolieran más. Pero de tanto equivocarme en las páginas ya pasadas hasta el azar me jugó una broma pesada y me llevó a los pies de Amanda, mi nueva obra, mi nuevo cuento de hadas. Con brujas ruines y malvadas, un vicio más a la cuenta y un par de sandalias gastadas. Caminé sin rumbo con un nuevo recuerdo en la espalda, la trenza del cabello de ella y una herida tatuada. Las migajas que vean de ahora en adelante detrás de mis tacones son pistas pensadas, dejadas adrede, no quiero perderme, quiero encontrarte a ti, a quien me lees. Tropezarme contigo con la sonrisa pintada, contarte de mis errores y mis heridas sanadas. ¿Y por qué no? Que seas tú mi nueva equivocación, la última, la mejor inventada.

Tropezarme dos o cien se me parece a un baile que perfecciono a diario, sin saber que la roca que golpea mis tacones se ha enamorado de mi zapato izquierdo. Y me he cansado de equivocarme en tantos años que cumplo, en tantos años que muero, porque pienso que en los tantos que me quedan he de enamorarme de la piedra que religiosamente me espera en medio de la carretera. Tropezarme siempre me suena cursi, porque se me abren heridas por donde me desangro de una poesía amarga, que duele mucho y suena feo cuando rima. Tropezarme siempre me suena a cuánto nombre de bonitas sílabas se encuentren por la calle, de bonitos labios y bonita sonrisa. He de declararme fábula de este cuento que no narro por poeta, sino por solitaria, por equívoca y cobarde. He de cambiarme el nombre para huir de una vida que me conoce tanto que me esquiva , que me esquiva para ya no llorarme las pérdidas que sufro, para ya no verme herida. Tropezarme siempre no debe ser tan cruel, no debe ser tan trágico. Equivocarme tanto , nombrarte tanto, sufrirte tanto , no debe ser tan cruel. Porque siempre te busco, roca fiel enamorada de mi zapato, y aunque me vaya en otros trenes en busca de otros caminos sé que tú estarás presente en cada paso, en cada vía alterna , en cada valla de pueblo, en cada nueva vida que me invente; para ayudarme a equivocarme otra vez y tropezarme dos o cien y llorarte nuevas lágrimas, en los finales de rieles o al principio del precipicio que se dibuja en mis pies.

Y me hundo en mi inacabable compañía, en mi círculo de vicios , en mis noches de frío, canciones y humo en los pulmones.

No me hallo, no soy de este mundo ,no pertenezco aquí. No me habito el alma o quizás se me fue volando por ahí detrás de alguien con un nombre que no menciono por valiente. Lloro en espacios vacíos, preferiblemente para no contarle a nadie que lloro por enfermiza o por debilidad propia de mi alma, de la que se fue volando a no sé dónde, a no sé cuál habitación directo a guindarse en el ropero. Y lloro en las noches porque en los días me inundo de otras cosas que por premeditación justa las evoco para no llorar, para no llover sobre otras heridas que no importan. Y me cansé de tanta equivocación disfrazada de casualidad, y me quiero ir sola a mi mundo , ya , sin esperar nada más que desnudarme de la piel que habito y ser yo sin más que aparentar. Pues , María, se hincó dolorosamente en mis costillas y me las hizo trizas con un beso de judas, y rodé como perinola en acantilado , cuesta abajo y caí de bruces en un charco de absurdas confesiones que me hicieron culpable de besarla , de tenerla, de creerle. Y no me hallo en este mundo de tantos y yo de nadie, caminando por ahí sin prisa con la esperanza de encontrar a alguien con los brazos extendidos y buena fe. Entre los arbustos y los edificios me desmayo con el último soplo en los pulmones, equivocándome nuevamente , creyendo que la muerte de mis huesos ahuyentaría a la vida de mi carne.



lunes, 28 de julio de 2014

Invitación

Te podría invitar un café o un helado, según sea tu estado de ánimo. Te invitaría a ver una película o a leer un libro, a un cine repleto de desconocidos o a un parque repleto de niños. Podríamos ir a mi casa, comer una pizza en mi sala o hablar de poesía en mi cama. O quizás, quedarnos dormidas en la azotea, mirando las estrellas y soñando despiertas. Te llevaría al mar, con tu bikini rosa y tus lentes de playa, haríamos castillos de arenas y dibujaría te quiero en la arena mojada. Te invitaría a un restaurante exquisito, con música suave, velas, rosas y tu postre favorito. Te invitaría a mi vida, con sus desordenes y caídas; te invitaría a mi corazón, con sus grietas y heridas; te invitaría a amarme, a este caos de humana que se refleja en tus pupilas cuando me miras. Pero por ahora, lejos de tu existencia, de tu vida y tu rutina, te invito a leer mi historia, mi líneas y mi poesía. 



Mujer Novela

Una mujer hermosa era ella, cuando la vi mis ojos se iluminaron de tal manera que la oscuridad de mi espacio se esfumó. Tenía el cabello negro como la noche, como el cielo cuando está sonriendo, con sus estrellas titilando y la luna durmiente. Sus ojos eran como rosas florecidas, emanaban paz y una calidez tan perfecta que cualquier frío se apenaba con tan solo acercarsele. Sus labios, eran dulces, suaves y con olor a primavera. Su color rosa daba la bienvenida y decía: "bésame". Su cuerpo, santuario de su alma, perfecto sitio donde mis manos deseaban posarse, su piel como perla y sus brazos y piernas firmes lazos que me amarraban a su silueta. Ella era realmente perfecta, llena de errores y con sus groserías destruyendo el vocabulario, pero su tono de voz convertía sus palabras en mariposas azules que revoloteaban en mi abdomen cada vez que la veía o que la pensaba. Me senté una tarde al borde del río verde y medité acerca de su belleza jovial, entendí que las princesas si existen, luego reflexioné y volví a la realidad. Las princesas no existen, ella es una de esas que a menudo leo en cuentos y novelas románticas, al toparse con mis ojos se saltó los párrafos y corrió detrás de mi pasión por la lectura, vino a acompañarme en las tarde solas, en las noches oscuras, en los días lluviosos, en mis mañanas de pereza y en mis madrugadas de literatura . Una mujer hermosa era ella, me enamoré de tal manera que le hago el amor a diario, en cualquier párrafo de mi novela. 




Si, soy lesbiana

Si, soy lesbiana _Le dije mientras encendía el cigarrillo. Voltee la mirada como queriendo evadir su rostro sorprendido y absorbí un poco de humo. Pero, cómo podrían gustarte? _Me dijo espabilado. Sonreí y con la mirada lo asesiné, le ordené que se sentara y comencé mis interminables descripciones: Sus labios, tan dulces, tan suaves, tan escasos de aspereza. Su aroma, tan femenino, delicioso. Su cabello al viento, golpeando su espalda curva. Sus piernas en ese caminar lento y con musicalidad. Su sensualidad y carisma, sus abrazos tiernos y apretados, su sexo tibio y delicado, su intuición exacta, su inteligencia y comprensión. Su corazón frágil y humilde, tan sensible y enamoradizo de los detalles. Me entiende cuando las hormonas enloquecen y no quiero saber del mundo, me entiende cuando mi humor mutante la ataca, me entiende cuando quiero un beso y cuando no, sabe lo que deseo antes de expresarlo, me reconoce los pensamientos y las palabras dichas con la mirada. Ahora, dime tú, cómo no podría amar a las mujeres, cómo no amar a alguien que se entiende tan bien con mi interior? Si, soy lesbiana, culminé con una sonrisa y dándole la última inhalación al cigarrillo. Todos me miraron, esta vez con admiración y al unísono los aplausos me despidieron hasta la salida. 



Realidad o Ficción

¿Realidad o ficción?, es la pregunta que me ronda cuando cae la noche y la espero como siempre en el mismo sitio donde nos conocimos. No podría dar dirección alguna, o mejor dicho, no podría dar una dirección física aceptable. Nos conocimos en pantalla, en teclado y en sonrisas a una distancia considerable. Realidad es que todas las noches la espero ahí mismo donde nuestros ojos cruzaron lineas, donde empezamos a sonreír sin motivos, como par de dementes. Ficción es imaginarla frente a mis ojos, compartir un saludo, puede ser un apretón de manos, un encuentro de miradas, pero es solo humo que se esparce por la habitación a oscuras y vuelvo a preguntarme, ¿realidad o ficción? Realidad es tenerla del otro lado y poder escucharla, poder conocer su timbre y saber que realmente existe. Ficción es firmar unos cuantos contratos salidos de su imaginación o la mía, llevarnos serenatas a media noche y divertirnos como lo hace cualquiera con pocos centímetros de distancia. Realidad es poder caminar a su encuentro, cansarme de esperarla, correr y alcanzarla, o solo quedarme esperando que ella llegue a mi, se que llegará porque existe, porque estamos bajo el mismo cielo azul que miramos al amanecer, bajo el mismo cielo negro que nos arropa al anochecer. Ficción es sentir el toc toc de mi puerta, abrir y verla a ella con su guitarra y sus canciones compuestas, sentarnos a mirarnos, reír, ponernos serias, cantar, escribir, brindar, burlarnos del señor Cupido y planear una estrategia. Vuelvo y me pregunto, ¿realidad o ficción? Realidad es ella, ficción soy yo, yo me vuelvo real al verla y la ficción me dice adiós. 



Regresa


No te vayas, le dije -Aún hay café en tu taza y no se ha enfriado. 

Debo irme, me dijo - El corazón se me ha enfriado y no queda una gota de café. 
Caminó con prisa hacia la puerta, corrí hasta ella, la tomé por el brazo y vi en su mirada mucha tristeza. Comprendí que debía dejarla ir, sus pupilas ya no se dilataban al verme tan cerca. 



Meditación, suspiros, respiros y algo más

Todos te conocían, jamás les hablé de ti pero veían la tristeza en mis ojos. Una tarde, con mucha lluvia y humo de café, estaba puliendo un poema y alguien tan sutilmente encantadora me atacó por la conciencia preguntándome: “¿Quién te hace sentir tanto y a la vez sentir nada?” Qué podía responderle, si tan solo tenía que ver mis ojos y conocer todo de ti.


Hoy todos tus sueños se harán realidad

Espera a que oscurezca y saca todos los temores que te inundan la vida. Socializa con el cielo cuando esta negro, ausente, distante y solitario. Cuando la luna recoja sus estrellas y se las lleve a un sitio escondido. Guinda en una cuerda todo lo que tu cuerpo desecha, prende una fogata y arroja uno a uno tus fracasos, tus lágrimas, tus temores, tus dudas y tus errores. Deja que el fuego los consuma y no te lamentes. Grítale al cielo, grita fuerte, muy fuerte. Que se despierten los dormidos, que te aplaudan la valentía, que se enteren que han muerto los fantasmas, que ha nacido un nuevo cuerpo con su nueva alma. Recoge las cenizas antes de que el viento las disperse, corre con ellas en una caja sellada con el pasado feroz y lánzalas al final del farallón que yace al pie de tus sueños. Grítale al cielo tu nombre, rocíate la cara con agua, arréglate el cabello, desempolva las sonrisas, usa tu mejor vestido, ponte tu mejor perfume y grítale a las nubes en lo alto, a la distancia manchada, a las estrellas de vuelta, a esa luna enamorada. Deshace los cordones que te tienen atada, renueva las fuerzas, resplandece tu mirada, alza el vuelo de nuevo, esta vez el cielo azul te abre los brazos con un sol amarillo y sonriente como en los cuentos de hadas. Ríe a carcajadas, no temas, tus temores fueron muertos en la fogata, no llores, tus lágrimas se ahogaron en las aguas de las fuentes apagadas, no dudes, eres valiente, audaz y vales más que el oro, más que el diamante , vales más que mil piedras preciosas en cualquier joyería famosa de un mundo distante. Camina con firmeza en este camino nuevo, abre tus brazos al viento y recibe lo que Dios en su trono te tiene propuesto, canta nuevas canciones y olvida los viejos tormentos. Eres libre, hoy todos tus sueños se harán realidad, no hay límites en el tiempo, no hay fronteras que atravesar, no hay imposibles que no puedas lograr. Lee los carteles a tu paso: "ánimo", "fuerza", "lúcete"; hoy es el día del estreno. Hoy se estrena tu sonrisa, hoy se estrena un traje nuevo. El más perfecto traje que Dios ha fabricado en su reino, lúcelo con orgullo, alza tus alas y vuela lejos. Recibe la luz de la vida, vuelve a ese cielo negro e ilumínalo con tu sonrisa, vuelve a ser la misma que fuiste en la infancia, con inocencia y sin nostalgia, vive sin miedos, goza la vida y cree en El Grande, en el único que te ha devuelto la vida y te llena de sueños nuevos. 





Mientras tanto...

Ya llegará quien se enamore de mi ortografía, mis comas, puntos, tildes, de mi poesía ingenua, de mis celos y mis ganas de abrazar. Ya llegará alguien que lo arriesgue todo por amarme , por tenerme y mantenerme enamorada. Si, ya llegará alguien, no pierdo la esperanza.


Dos lunas

Eran como dos lunas en un mismo cielo, como dos cristales, dos aceros. Eran dos estrellas redondas, dos cafés , dos esferas con luz , dos perlas negras. Eran misterio, eran rosas naciendo, como dos ráfagas marinas con espuma en la arena. Su rostro cálido, como sacado de algún cuento, de algún invento mío, era tierno, era rígido, era bello. Sus labios como pétalos caídos, desprendidos de ese cielo con dos lunas nuevas , era una pintura de perfectas líneas y de pinceladas lentas ; de creación divina, con sus dos luces esféricas, inolvidables lunas , preciosas perlas negras. Era una obra hecha carne, piel y belleza , era una mirada hecha poesía, prosa, sonrisa. Le pertenecía cada detalle, cada pétalo en caída, las rosas nacientes con sus capullos de estrellas. Pero hice mía su mirada, desde entonces, y para siempre, hice mío su cielo, sus lunas y su rostro entero , tan perfecto , tan poesía, tan verso, tan mío, tan bello.



domingo, 27 de julio de 2014

Cuento corto

El bosque

Ella caminaba lento con sus pasos suspendidos, como quién no quiere perderse los detalles de la naturaleza que la rodea. Llevaba el cabello suelto y zapatos viejos, en la mano izquierda una gota de pintura roja manchaba su muñeca. No me detuve en ese detalle, le seguí los pasos detrás de los arbustos que rodeaban una casita de madera. Se detuvo a mirar por las ventanas y como ladroncilla experimentada entró por una de las ventanas rotas. La curiosidad se me coló por la sangre y me acerqué a hurtadillas para espiarla por la rendija de la puerta. Frente a la chimenea ennegrecida yacía de pie sin mover músculos, la mancha roja en su muñeca se había extendido hasta su hombro derecho. Un frío aterrador me corrió del cuello a la espalda y regresó a mi garganta haciendo un nudo irrompible. Las piernas me temblaron y los ojos abiertos parecían pantallas luminosas de cine. Ella con su lentitud de pasos suspendidos se dirigió a lo que un día se llamó habitación en aquella casita abandonada. La perdí de vista, corrí hasta la ventana para lograr divisarla, pero la habitación dónde claramente la observé entrar con mis ojos luminosos, estaba sellada con rugosos ladrillos en todos sus extremos. El temblor de mis piernas se incrementó y el sudor corría a chorros por mis mejillas asustadizas. Decidí huir del lugar con la certeza de que aquella mujer no era real, o bien, no pertenecía a los nuestros. Mis pies novatos de carreras despertaron y corrieron como nunca antes lo habían hecho, pero siempre en medio de esa carrera veloz y agitada me topaba con esa casita de madera indeseable. Los mismos arbustos y la misma mujer de pasos suspendidos con su mancha en el hombro extendida hasta el cuello y la cara. Pero esta vez, detrás de mí, como queriéndome alcanzar y hundirme en su bosque sin salida.