Todos te conocían, jamás les hablé de ti pero veían la tristeza en mis ojos. Una tarde, con mucha lluvia y humo de café, estaba puliendo un poema y alguien tan sutilmente encantadora me atacó por la conciencia preguntándome: “¿Quién te hace sentir tanto y a la vez sentir nada?” Qué podía responderle, si tan solo tenía que ver mis ojos y conocer todo de ti.

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