Ya no hay espacio sano para otra herida. Las cicatrices hacen de las
suyas, cada vez que las toco con la yema de mi memoria, se vienen miles de
historias con sus respectivos antagonistas. Esos nudos infinitos y sin
moralejas que se quedan absorbiendo mi optimismo, esos conflictos interminables
y espinosos donde la heroína siempre fue derrotada detrás de los arbustos
llorosos. Definitivamente, ya no hay espacio para tantas heridas nuevas, tendré
que acumularlas en un rincón del alma mientras veo donde envolverlas ,
procuraré que sea en un sitio que no haya sido tocado antes por manos
malévolas. Sera un sitio sagrado, donde cada cicatriz sera tan visible que
hablaran por sí mismas, contaran sus anécdotas y llorarán por mi lágrimas
amargas. No, lo siento. No hay espacio para otra herida.

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