Al fin y al cabo, le contaré a mis días de un amor de la vida, de la mía, de un amor que se propuso ser vida y mío a la vez; es una fusión de respiros y suspiros, un tobogán de emociones, un columpio de risas, una locura, un rico tormento de noche. Me propuse contarles de la buena fortuna de mis días a mi vida, de esos días de amores que se propusieron emborracharse y pagar resaca en mis labios, o en mis orejas, solo por sentir su mirada paraguas en mis hombros. De propuesta en propuesta se me consumió el cigarrillo y la cajetilla mojada que tenía en el bolsillo, pues, para contarles de ti se necesitan un millón de vicios, con el cigarrillo comenzaré.
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