Quise ponerme astuta, tomar el
pincel y hacer unos cuantos arreglos a nuestras últimas palabras. Quité tus
anteojos y coloqué estrellas en tu mirada, pinté un par de mariposas que
jugueteaban en tu espalda. Dos niños simpáticos y coloridos se acercaron con
globos de corazones y un ramo de rosas disfrazadas. Saqué varias monedas de mi
bolsillo y te sonreí mientras te los regalaba. Tu sonrisa la hice perfecta,
total y completamente enamorada, tus manos sudaban nerviosas y tu corazón
emanaba melodías encadenadas. Pinté un beso escurridizo, un roce de manos y
esta vez las mariposas volaban. Cambié todo el parlamento y puse “Te amo” en
cada palabra, inventé miles de abrazos que se barrían por los caminos de los
bosques que antes no estaban. Un arco iris transparente adornaba la pulcritud
del cielo y tu sonrisa constante como frutas frescas en el árbol que dibujada.
Quité las lágrimas repetidas y las convertí en felices carcajadas. El adiós sin
palabras que repetimos enmudecidas lo transformé en un: ¡No te vayas! Un abrazo
inesperado lo guindé de mis hombros y el beso al aire que no existió lo inventé
más dulce cuando nos dijimos: ¡Nos vemos mañana! Los caminos que nos separaron
los convertí en uno cuando de pronto nos tropezamos en el alba, sonreímos y
corrimos una a la otra con los colores brillantes que nos acompañaban. Esa fue
mi obra, mi mentira mejor inventada, nuestro último encuentro distante, mis últimas
palabras ahogadas. Todo lo cambie para verte, para verte a ti aún de mi
enamorada.
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