No tenía más
sueños que dormir en tu espalda, que secarme las lágrimas con tus manos y
leerte un par de versos míos por malos y desabridos que fueran. Creí que por
escribirte tu me leías, que por cantarte tu me escuchabas, que por amarte tu me
correspondías. Creí más de lo que debía. Y así se me fueron los días con la
boca hecha nada por no besarte y la mirada hecha sombre por ser mentira.

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