lunes, 28 de julio de 2014

Mujer Novela

Una mujer hermosa era ella, cuando la vi mis ojos se iluminaron de tal manera que la oscuridad de mi espacio se esfumó. Tenía el cabello negro como la noche, como el cielo cuando está sonriendo, con sus estrellas titilando y la luna durmiente. Sus ojos eran como rosas florecidas, emanaban paz y una calidez tan perfecta que cualquier frío se apenaba con tan solo acercarsele. Sus labios, eran dulces, suaves y con olor a primavera. Su color rosa daba la bienvenida y decía: "bésame". Su cuerpo, santuario de su alma, perfecto sitio donde mis manos deseaban posarse, su piel como perla y sus brazos y piernas firmes lazos que me amarraban a su silueta. Ella era realmente perfecta, llena de errores y con sus groserías destruyendo el vocabulario, pero su tono de voz convertía sus palabras en mariposas azules que revoloteaban en mi abdomen cada vez que la veía o que la pensaba. Me senté una tarde al borde del río verde y medité acerca de su belleza jovial, entendí que las princesas si existen, luego reflexioné y volví a la realidad. Las princesas no existen, ella es una de esas que a menudo leo en cuentos y novelas románticas, al toparse con mis ojos se saltó los párrafos y corrió detrás de mi pasión por la lectura, vino a acompañarme en las tarde solas, en las noches oscuras, en los días lluviosos, en mis mañanas de pereza y en mis madrugadas de literatura . Una mujer hermosa era ella, me enamoré de tal manera que le hago el amor a diario, en cualquier párrafo de mi novela. 




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