miércoles, 23 de julio de 2014

CRUEL ABISMO


Caigo hoy en un abismo, no pretendo con esto encender alarmas  ni preocupaciones. Caigo hoy en un abismo, insisto, no busco asustar, no busco llamar la atención de los observadores, ni pretendo que llueva a mi ayuda innecesaria. Caigo hoy en un abismo, ella me ha arrancado el pétalo, el más bello pétalo que brillaba desde aquel día, cuando decidí nacer junto a ella. Caigo hoy en ese abismo profundo y sin fin, pues, vivir sin ella es como caminar descalza por interminables kilómetros de pavimento ardiente; doloroso pero obligado. Caigo hoy, tropiezo de piedras puestas al azar, dibujadas con tintas y polvos: corazones agrietados rebosantes de sentimientos sangran a mi paso, sola, sin ti. Te llevaste aquella dirección, dónde te dije que yacía mi vida, cuando la despertaste te llevaste contigo la dirección, pero hoy la devuelves arrugada por el sudor de tus manos y con letras borrosas. La he perdido, amantes poetas, he quedado invalida y ciega de ella, he quedado enferma y desahuciada de futuro. Caigo en un abismo, sendero oscuro sin horizontes visibles. Mar opaco y seco, piedras frías y dañadas, yace mi vida guindada del hilo de la luna, con sus espinas otra vez clavándose en los muslos. Estrellas agotadoras de  luces hoy no brillan, se escapan al sol para quemarse los sueños y sin obligaciones de volver. Tomo mis ropas y parto, el sol calienta, el brillo arde en los ojos, el polvo se levanta y me inunda en el fondo, hoy caigo nuevamente en un abismo, dónde siempre pertenecí. Deben estar esperándome los fantasmas paridos, los sueños rotos a mitades, y lo peor, los recuerdos intactos de ti. Cargo en mis hombros tu mirada, tus besos, tu vida; cargo con ellos por este camino que despido con mis zapatos rotos y desgastados. Brincan los rayos y caen de pie en mis rodillas heridas, la lluvia empieza a despertar y empapa los libros repletos de figuras parecidas a ti, llueve dentro y fuera, ríos y espesas nubes gotean por las montañas que hoy se vuelven grises. He  muerto, el pozo de charco me envuelve en su abrazo, no lloro, no llueve, no hay sol, no hay rayos; solo una cama triste, una sabana fría, lágrimas y yo. Tu allá, yo muero en vida entre escombros de esta sucia humanidad




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