Caigo hoy en un abismo, no
pretendo con esto encender alarmas ni
preocupaciones. Caigo hoy en un abismo, insisto, no busco asustar, no busco
llamar la atención de los observadores, ni pretendo que llueva a mi ayuda
innecesaria. Caigo hoy en un abismo, ella me ha arrancado el pétalo, el más
bello pétalo que brillaba desde aquel día, cuando decidí nacer junto a ella.
Caigo hoy en ese abismo profundo y sin fin, pues, vivir sin ella es como
caminar descalza por interminables kilómetros de pavimento ardiente; doloroso
pero obligado. Caigo hoy, tropiezo de piedras puestas al azar, dibujadas con
tintas y polvos: corazones agrietados rebosantes de sentimientos sangran a mi
paso, sola, sin ti. Te llevaste aquella dirección, dónde te dije que yacía mi
vida, cuando la despertaste te llevaste contigo la dirección, pero hoy la
devuelves arrugada por el sudor de tus manos y con letras borrosas. La he
perdido, amantes poetas, he quedado invalida y ciega de ella, he quedado
enferma y desahuciada de futuro. Caigo en un abismo, sendero oscuro sin
horizontes visibles. Mar opaco y seco, piedras frías y dañadas, yace mi vida
guindada del hilo de la luna, con sus espinas otra vez clavándose en los
muslos. Estrellas agotadoras de luces
hoy no brillan, se escapan al sol para quemarse los sueños y sin obligaciones
de volver. Tomo mis ropas y parto, el sol calienta, el brillo arde en los ojos,
el polvo se levanta y me inunda en el fondo, hoy caigo nuevamente en un abismo,
dónde siempre pertenecí. Deben estar esperándome los fantasmas paridos, los
sueños rotos a mitades, y lo peor, los recuerdos intactos de ti. Cargo en mis
hombros tu mirada, tus besos, tu vida; cargo con ellos por este camino que
despido con mis zapatos rotos y desgastados. Brincan los rayos y caen de pie en
mis rodillas heridas, la lluvia empieza a despertar y empapa los libros
repletos de figuras parecidas a ti, llueve dentro y fuera, ríos y espesas nubes
gotean por las montañas que hoy se vuelven grises. He muerto, el pozo de charco me envuelve en su
abrazo, no lloro, no llueve, no hay sol, no hay rayos; solo una cama triste,
una sabana fría, lágrimas y yo. Tu allá, yo muero en vida entre escombros de
esta sucia humanidad
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