Ricardo se sentía como nunca antes se había
sentido, tenía un aire de éxito que nadie en aquella noche se lo quitaría, se
sentía libre y volando sobre la ciudad completamente iluminada. Pensó en darse
un gran banquete de gratificación, ¿por qué motivo? aún ni él mismo lo sabía
pero era necesario celebrar. Se dirigió a la primera taberna que se encontró y
gasto una gran suma de dinero en licor, a su salida observó una venta
de cigarrillos y se detuvo a escoger el mejor que le serviría para esa noche de
gloria. Compró varios paquetes y los guardó en el bolsillo mientras miraba
fijamente a una chica mal vestida que descansaba en la barra;
sus labios de un rojo intenso lo llamaban a pecar, su cuerpo impresionante
terminó de impactarlo llevándolo a un abismo de seducción. Por un instante se
rehusó a la idea que rondaba en su cabeza pero la belleza de la que dudosamente
se puede llamar dama lo convenció ofreciéndosele a ser la cereza que adornaría
maravillosamente la noche perfecta de Ricardo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario