Ver la sangre en mis rodillas me despertó de
aquel sueño donde no sentía dolores y donde las heridas huían de mi piel. Ver
la piel rasgada me puso de pie, el dolor me hizo fuerte, la derrotada me hizo
valiente y el levantamiento me hizo nueva mujer. El dolor que ardía me dio
fuerzas, me hizo correr de nuevo con pasos firmes y decididos, pude tomar
impulso y no mirar atrás, pues, mirar atrás fue lo que provocó la caída. Vista
en frente, perdida en el horizonte, sonrisa en los labios y la certeza de que
una caída no significa el fin de la carrera.

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