Eran como dos lunas en un mismo cielo, como dos cristales, dos aceros. Eran dos estrellas redondas, dos cafés , dos esferas con luz , dos perlas negras. Eran misterio, eran rosas naciendo, como dos ráfagas marinas con espuma en la arena. Su rostro cálido, como sacado de algún cuento, de algún invento mío, era tierno, era rígido, era bello. Sus labios como pétalos caídos, desprendidos de ese cielo con dos lunas nuevas , era una pintura de perfectas líneas y de pinceladas lentas ; de creación divina, con sus dos luces esféricas, inolvidables lunas , preciosas perlas negras. Era una obra hecha carne, piel y belleza , era una mirada hecha poesía, prosa, sonrisa. Le pertenecía cada detalle, cada pétalo en caída, las rosas nacientes con sus capullos de estrellas. Pero hice mía su mirada, desde entonces, y para siempre, hice mío su cielo, sus lunas y su rostro entero , tan perfecto , tan poesía, tan verso, tan mío, tan bello.

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