Procuro alejarme de los nombres que se parecen al tuyo y así dejar de
pensarte un rato o de extrañarte menos. Ahora las paredes vacías de la ciudad
se antojan de hacer murales con tus sílabas y tu rostro, y me topo con tu
nombre en algún artículo periodístico y me invade la nostalgia por no poder
olvidarte en silencio, a solas, sin tanto ruido. Será porque te amo que me
cuesta tanto apartarme e invento excusas para quedarme, aunque no lo quiera
aceptar esos nombres parecidos al tuyo los busco a diario en cualquier página
de algún libro, en los semáforos o en el rostro de las transeúntes; tan solo
para quedarme un día más y no perder la esperanza de poderte recuperar o
poderme recuperar de ti, de tu nombre, de tus ojos, de tu aroma y de todo
aquello que Dios puso en ti.

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