Todos duermen y yo me resigno,
una taza de café que se enfría y una hoja de papel que se quema. Una lágrima
que desliza por mi mejilla y miles de recuerdos que se despiertan. En silencio
miro por la ventana, te miro de pie frente a mis ojos, con el cabello suelto,
desarreglado y mi vida cargándola en los hombros. Despierto del trastorno y
vuelvo a mi cama, a un desorden interminable de ideas, a un sinfín de besos
derramados, duermo sobre las ruinas de tus caderas. Te sueño enamorada de mis
celos, te sueño quitándote la ropa, te sueño desnuda en mi bañera, te sueño y
despierto, ya era hora. El café frío se hace hielo, mi boca susurra un lamento,
la vieja guitarra que no toca y las cenizas de un poema que ya ha muerto. Hago
hoyos en el cielo, golpeándome la herida e hiriendo mis deseos; luna llena
vuelve pronto, carga con mi cuerpo no me hieras; luna bella; tierra santa,
cubre mi cuerpo llévate mis penas. Todos duermen yo me resigno, un trago de
vino que pierde lo tinto, una canción enmudecida me repite: ¡Soledad! Yo bailo
la danza de los perdidos, me hundo de nuevo tú ya no estás.
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