Sigo aquí escribiéndole extraña conocida, sigo
aquí desconociendo su paradero, sigo aquí inventándole nuevas líneas a su
sonrisa, inventando un viento que despeine su cabello. Suenan los acordes de su
guitarra, yo me inspiro y escribo un par de versos; la rima se cansa, mis dedos
le dan un beso, mi tinta se derrama y yo me distraigo con eso. Sigo aquí,
saludándola al viento, componiendo versos, borrando líneas, recordando poetas y escuchándola en silencio. Un sorbo de
café y despierto de un leve sueño, ¿Dónde estarás, conocida ausente, dónde
reposarán tus recuerdos? Si estarás de nuevo con tu guitarra y yo ansiosa de
saberlo. Percibo el rozar de tus dedos por sus venas, sí, por las venas de su
cuerpo. Música ausente aún te escucho penetrante en mi cerebro, otro sorbo de
café e invento otro par de versos. Sigues en mi memoria, como el llanto de la guitarra
al viento; sigo inventándote con tinta, con rimas y le dibujo otro corazón a tu
cuerpo. Ese corazón que palpita, que brinca en el difuminar de la gota en el
cielo, desaparece al son de tu música, te lo llevas con tu ausencia pero yo lo
invento de nuevo. Otra rima, otro verso y completo una estrofa de puro
sentimiento. ¡Oh, extraña conocida, mis oídos reconocen el sentir de tus dedos,
esos dedos pincelados dibujando un paisaje en el cielo! Otro cielo no el que
ves, un cielo extraño pero conocido, conocido por mis estrofas y tus arpegios;
aquellos acompañantes de tu guitarra, esa guitarra que llora cuando te alejas
de su cuerpo. Otro sorbo de café, los dedos manchados de ellos, de esos versos,
de estos versos, de aquellos versos que me invento. Desde que apareciste brotan
de mi cabeza, miles y miles de ellos. Hasta pronto, extraña ausente, seguiré
inventando mientras sueño, seguiré saboreando su música y seguiré versando sus
dedos
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