martes, 22 de julio de 2014

EXTRAÑA

     Sigo aquí escribiéndole extraña conocida, sigo aquí desconociendo su paradero, sigo aquí inventándole nuevas líneas a su sonrisa, inventando un viento que despeine su cabello. Suenan los acordes de su guitarra, yo me inspiro y escribo un par de versos; la rima se cansa, mis dedos le dan un beso, mi tinta se derrama y yo me distraigo con eso. Sigo aquí, saludándola al viento, componiendo versos, borrando líneas, recordando  poetas y escuchándola en silencio. Un sorbo de café y despierto de un leve sueño, ¿Dónde estarás, conocida ausente, dónde reposarán tus recuerdos? Si estarás de nuevo con tu guitarra y yo ansiosa de saberlo. Percibo el rozar de tus dedos por sus venas, sí, por las venas de su cuerpo. Música ausente aún te escucho penetrante en mi cerebro, otro sorbo de café e invento otro par de versos. Sigues en mi memoria, como el llanto de la guitarra al viento; sigo inventándote con tinta, con rimas y le dibujo otro corazón a tu cuerpo. Ese corazón que palpita, que brinca en el difuminar de la gota en el cielo, desaparece al son de tu música, te lo llevas con tu ausencia pero yo lo invento de nuevo. Otra rima, otro verso y completo una estrofa de puro sentimiento. ¡Oh, extraña conocida, mis oídos reconocen el sentir de tus dedos, esos dedos pincelados dibujando un paisaje en el cielo! Otro cielo no el que ves, un cielo extraño pero conocido, conocido por mis estrofas y tus arpegios; aquellos acompañantes de tu guitarra, esa guitarra que llora cuando te alejas de su cuerpo. Otro sorbo de café, los dedos manchados de ellos, de esos versos, de estos versos, de aquellos versos que me invento. Desde que apareciste brotan de mi cabeza, miles y miles de ellos. Hasta pronto, extraña ausente, seguiré inventando mientras sueño, seguiré saboreando su música y seguiré versando sus dedos

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