jueves, 25 de septiembre de 2014

Relatos LGBT

Carta a mi hermano homofóbico

Hermano, no temas acercarte a mi cuando de pronto mi mano se mueva diferente a la tuya, no me juzgues. No temas contagiarte, no soy portador de enfermedades, me supe sano cuando descubrí mi libertad. Hermano mío, no te rías de mis tacones y de mi maquillaje, me he cansado del disfraz que uso desde que nací. Ven, abrazame, soy tan humano como tú, sangre roja corre por mis venas. No me golpees, hermano, tu violencia no marchitará mis preferencias, al contrario, me acercará más a lo que amo. No me insultes, tus palabras no logran alcanzarme, pero si las escucho fuerte, no es necesario tu maltrato. Hermano, algún día me verás tomado de la mano tu amigo, de tu vecino o de cualquier hombre valiente capaz de amarme en la luz y no escondido. No levantes tu puño en mi contra , no te condenes, ama como yo amo, sin mirar sexos, colores o pasados. Me he comprado un vestido, pienso usarlo en mi cumpleaños, no me taches de aberrado, me siento a gusto así, no me juzgues por mis pasos delicados. Hermano, a pesar de tus tatuajes y tu aspecto de hombre malvado, te amo. Siempre serás mi hermano, aunque golpees a la comunidad donde vivo, aunque me empujes contra las cadenas de un closet, aunque desprecies compartir mi apellido, aunque no me mires como yo te miro, hermano. Hace tanto que no te veía de cerca que hoy decidí acercarme a tu puerta y debo decirte con orgullo y una sonrisa inmensa, que a la dama que piropeaste a la salida de la discoteca era yo, tu hermano Francisco, quien ahora se llama Franchesca.


Te preguntarás si...

Te preguntarás algún día qué hubiese sido de la vida si la compartieras conmigo, si fueron justas tus palabras o los besos que me diste, en otros labios, con otra gente.
Te preguntarás qué es de mi vida sin ti y si llegué a ser feliz lejos de tu dolor y de tus culpas. Te preguntarás si mi cama vacía encontró cuerpo que la llenara y si mi ducha fría se calentó con otra piel.
Lo harás, te preguntarás cada mañana si desayuno sola o acompañada, si continúo con mis ganas de matarme con un cigarrillo o si sigo tomando café en las tardes mientras leo un libro.
Sí, te preguntarás si sigo absorbida entre cuatro paredes llorando lágrimas por ti, cansada de tus recuerdos o escribiendo cartas suicidas en un viejo cuaderno.
Te preguntarás si mi mano sigue andando sola de camino al trabajo o si nadie me espera con un abrazo apretado en casa. Si me harán el amor de madrugada o si en la ducha me besan el alma mientras me estampo en la pared mojada.
Te preguntarás si vivo dónde siempre, te preguntarás si vivo, sin ti.


Amarte es...

Amarte es como querer escurrir las nubes con un soplo y beberme un sorbo de ellas en un respiro. Amarte es como querer tenerte para mi y desaparecerte para el resto, es tan egoísta mi forma de amarte que en las noches cuando sueño creo que no existe el mundo y vivimos en el universo, el nuestro. Amarte es como querer cubrir la tierra con flores y desaparecer lo seco, es tan grande mi forma de amarte que no me importa el que no entienda, el que no crea, el que se oponga. Para mi, tú eres lo que yo siento y lo que veo en el espejo. Amarte es como abrazarme a un árbol y derribarlo a pensamientos, llenarme de frutas para hacerte un vestido de vientos; amarte, amor, no es de humanos, es nuestro; es de mi y de ti, es callado, en silencio. Amarte, amor, es correr detrás de tus besos, es querer bajarte la luna y el firmamento; amarte a ti es convertir las letras en versos. Amarte es describir con tu nombre el significado de la felicidad, es encontrarle cura a mi tormento, es ser tu amiga antes que todo y curarte cuando te duela el invierno. Amarte me sabe poco porque quiero gritarlo al mundo entero, amarte es para siempre, no te canses, amarte me suena a eterno.



Aniversario



Estoy dando volteretas en estas letras que me huyen, quiero hablar de ti, de mi, de este amor que ha crecido sin aditivos, sin mirar al pasado, sin ni siquiera preguntarnos o pedirnos permiso. Me estoy cayendo en estas letras que huyen para ya no redundar en bellezas, ni metáforas, pero las obligo y las obligaré siempre a redundar cuando quiera hablar de ti y de la belleza de la vida que lleva tu nombre. Quiero definir con estas letras que tanto conoces, el amor que cargo a cuestas, un amor de dos meses con sus días completos y sus horas puntuales. Es un amor de magia en el pecho, que me explota en el vientre y se hace fuego en el alma. Este amor de dos meses con sus días se hizo dueño de mi vida , de esta vida que quiero entregarte para que la guardes en tu alma o la guindes en tu ropero. Ya no me duele lo que me dolía en la ausencia de tu existencia, ya no me llora ninguna herida, ya no sufro en la negritud de una noche cualquiera, ya no me hundo , he vuelto a volar. Y sé que te amo porque me siento amputada de tan solo imaginarme sin ti, vacía de alma y vida, loca de atar, muerta, extinguida. Por eso celebro estos dos meses de dicha y felicidad, porque esta solitaria de profesión se ha jubilado de tanto miedo y ahora pensar en el futuro contigo de mi mano me sabe a Dios. Sería bonito tenerte en mi brazos ahora y no mañana, pero hoy te abrazo con brazos que se estiran hasta tu presencia y te beso con labios que vuelan hasta tu boca. Vida mía, escribirte es poco, me he vuelto egoísta, le robaré las manecillas al tiempo para que no se sigan desgastando mientras no estamos. Hoy sonríe grande, son nuestras estas horas, ámame. Gracias por prestarme tu nombre para adornar mi sonrisa.


viernes, 8 de agosto de 2014

Erase una vez

Era un día común como todos los anteriores, ese día había llovido y las calles estaban empapadas. Salí temprano de casa directo a tomar el autobús para irme al trabajo, como es normal en la ciudad se escasearon los autobuses y me tocó pasar un buen rato bajo las pequeña llovizna que caía, eran las 8:00 de la mañana exactamente, recuerdo cada minuto y cada segundo, cómo no recordarlos si desde ese momento mi vida cambió por completo. Yo rabiosa e inquieta miraba la hora cada segundo, mi cara de pocos amigos adornaba la escena, odiaba llegar tarde al trabajo, pero ese día que llegar tarde fue mágico. Mientras peleaba con la hora y con mis zapatos mojados alguien me miraba, lo podía sentir en la nuca, sentía esa mirada penetrante, resolví voltear y justo detrás de mí estaba ella: ella, una chica que jamás había visto, una chica que quizás ni sea de este mundo, ella era perfecta. Su cabello algo desarreglado y mojado por la lluvia, vestía una camisa verde y unos jeans salpicados de agua y charco, sus zapatos aun más empapados que los míos y una sonrisa hermosa adornando su rostro. Nunca había visto un desastre tan hermoso como lo era ella, se acercó a mí y bromeó con mi intranquilidad haciéndome entender que ella estaba peor que yo, y sin embargo, seguía sonriendo. Su sonrisa, su miraba inocente y traviesa me cautivó, sus labios pronunciaban palabras y del cielo las gotas caían suspendidas, las personas caminaban lento, todo en torno a las dos se volvió borroso y mis ojos solo se detuvieron a mirarla. Olvidé el trabajo, la hora, mis zapatos arruinados por la lluvia, la puntualidad y la rutina del día. Su cabello era hermoso así, mojado y alocado. Decidimos tomar un taxi juntas y yo no vacilé en detener el primero que pasó, subimos a él y fuimos conversando todo el trayecto, yo deseaba que el pequeño viaje se hiciera interminable, que nunca llegara a su fin, que el chofer testigo y cómplice tomara el camino más largo y así poder seguir mirándola sin detenerme. Mientras ella me seguía hablando yo quedaba encantada de su aroma, era un aroma suave, dulce y delicioso al paladar, podía saborearlo. Su aroma podía acariciarme los poros, yo podía sentir su piel en la mía, me hacia soñar, me hacía volar, me hacía suspirar sin parar. Ella era perfecta, era el desorden más perfecto y hermoso que había visto. Pero llegamos a donde yo no quería nunca llegar, sonriendo se bajó del taxi y se despidió de mí apodándome "chica desesperada". La dejé, no la volvería a ver, no sabría más de ella, no volvería a sentir su aroma, ni volvería a ver su sonrisa. Seguí mi triste camino, cerré los ojos un instante y continúe a mi destino.
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Había pasado mucho tiempo después de toparme con aquella chica en la parada del autobús, pero aún recordaba su aroma, ese aroma tan exquisito, tan irreal, tan único. Su rostro, su sonrisa, sus palabras, toda ella la tenía fotografiada en la memoria. Todos los días me dirigía al mismo sitio con la esperanza de volvérmela a topar. Pasaron días lluviosos, nublados, calurosos, soleados y ella nunca llegó. Ya me había resignado a no volverla a ver nunca más, quizás fue una reproducción de mi mente, quizás fue todo un espejismo, quizás me estaba enloqueciendo e imaginando cosas inexistentes.
Era fin de semana, salí temprano de trabajar, me sentía agotada y solo quería llegar a casa a descansar, mientras me dirigía a la salida de la oficina recibí una llamada de mi hermano, me informaba que acababa de llegar de viaje y que me esperaba en casa. Esa noticia me iluminó de felicidad hace mucho que no veía a mi hermano y estaba ansiosa por abrazarlo y contarle mis historias urbanas. Salí a tomar un taxi y había empezado a llover, nada extraño  en la ciudad, nuevamente me empapé, pero esta vez con la suerte que el taxi llegó pronto a mí. Subí y me dirigí a casa, iba realmente ilusionada de ver a mi hermano ya quería llegar, lo extrañaba. Por fin pudimos evadir el tráfico y llegamos. Salí corriendo a casa, abrí y entré. En ese instante el tiempo se detuvo, la tierra dejó de moverse, mi corazón latió con fuerza, mis manos se enfriaron cuando percibí ese mismo aroma, ese que me hizo volar aquella vez, ese aroma que me cautivó, que me enamoró. Era ella, la sentía, podía percibir su respiración, su presencia. ¡Era ella, Dios mío, era su aroma!
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Sentí que pasaron siglos en el instante que entré a mi casa y me recibió ese aroma perfecto, quedé paralizada temía avanzar y encontrarla a ella, pero no, tenía que ser un chiste, ella no podría estar en mi casa, en esta casa donde la pienso, donde la extraño, donde he escrito en las paredes mis deseos hacia ella. Escuché la voz de mi hermano y me sorprendió abrazándome de un golpe y llenándome de besos, me decía cuánto me extrañaba y cuán feliz estaba por volverme a ver. Me miró a los ojos y con voz seria y decidida me dijo que había traído con él a alguien que me quería presentar desde hace mucho tiempo, me tomó de la mano y me llevó hasta la cocina. Yo sentía los pies pesados, como si tuviera zapatos de acero, mi mente estaba bloqueada y ese aroma lo tenía ya impregnado en el alma. Tenía miedo, tenía ganas de saber si era ella, pero tenía miedo que realmente lo fuera. Llegué a la cocina y ahí estaba de espalda preparando una bebida, tenía el cabello hermoso, lacio, y caía en su espalda, vestía una chaqueta oscura y un jeans negro. De pronto volteó a saludarme y su mirada quedó fija en la mía, nuestros labios enmudecieron, nuestros corazones palpitaron al mismo ritmo, nuestras pieles empalidecieron, era ella, la misma chica, era ella, no era un sueño. Tragué en seco y con la voz cortada le dije un escaso ¿hola, cómo estas? Ella no pronunció palabra alguna, quedó como suspendida, igual que aquellas gotas que caían sobre nosotras ese día. De pronto reaccionó y como un susurro me dijo: ¿sigues siendo la misma chica desesperada?


Mi hermano nos miraba extrañado y nos preguntó si ya nos conocíamos. Admito que me comporté de manera grosera, me dirigí a mi habitación sin decir una palabra, cerré la puerta y me lancé de bruces a la cama. Mi corazón lloraba, estaba confundida, estaba emocionada de verla pero decepcionada de que mi hermano ya tenía una historia escrita con ella. Tantas veces que me dormí besándola en pensamientos, tantas veces que le decía lo mucho que la deseaba. Y ahora la tengo aquí a pocos metros de mí y tan lejos a la vez. Me enfurecí con el destino, le grité, lo rechacé y me negué a que esta historia me estuviera pasando. Estaba tan encerrada en mis pensamientos que no escuchaba la voz de mi hermano al otro lado de la puerta llamándome. Estaba totalmente nockeada, no tenía fuerzas para salir y verlos a ambos, no podía mirarla a los ojos, o mejor dicho, no podía evitar mirarla y que no se me notara el inmenso amor que me salía de la piel directo hacia ella. No quería arruinarle el momento a mi hermano que tanto tiempo tenía sin ver, me arreglé la ropa, el cabello, el alma y los pensamientos, abrí la puerta de la habitación y con una sonrisa falsa guindada en el rostro les propuse salir a cenar. ¿Que si fue tonta la invitación? Totalmente, yo misma me puse la soga al cuello, actuar no era mi fuerte pero esa noche tenía que ser la mejor actriz.


Fuimos a cenar a un restaurante que mi familia y yo frecuentamos a menudo, desde hace muchos años era el sitio a dónde íbamos a celebrar cualquier tipo de acontecimiento. En el trayecto mi hermano no paraba de hablar y de contarme sus historias y vivencias, yo me limitaba a contestar con señas, gestos y pequeñas sonrisas, si él no notaba mi actitud era realmente un ciego y un tonto. Ella se mantenía al margen de la situación tomada de la mano de él, como si fuera un ancla en la arena, profunda y aferrada. Llegamos al sitio y saludamos a los de la barra y al mesero que nos dirigía a nuestra mesa, todos eran conocidos, amigos y chicos de confianza. Yo estaba realmente inquieta y necesitaba respirar lejos de ella, estaba ahogada por su presencia. Me fui al tocador y refresqué mi cara con agua fría, mientras me aislaba de la situación sumergida en el grifo del lavamanos sentí una mano acariciando mi brazo.


Su piel era suave como seda, estaba helada, recorría mi brazo de una manera tan tierna que me erizó la piel. Levanté la mirada sorprendida y nos miramos por unos segundos, ¿que si era ella? Sí, era ella parada justo frente a mí, con los labios hermosos, la mirada en la mía, su corazón palpitaba para mí y el mío para ella. No sabía qué decir, no sabía cómo actuar, por fin se decidió a hablar y con ese tono de voz melancólico y lleno de dulzura me pedía perdón por llegar de manera equivocada, por interrumpirme la vida, por llevarme al taxi equivocado, por sonreírme y por desesperarme más la vida. Le callé la boca con mis dedos y ella cerró los ojos como entregándose a un beso. La disculpé de todo pecado y me acerqué a su boca, con intención de perdonarla a través de un roce de labios, sentía su aliento, su respiración, su corazón, sus nervios, sentía sus labios abrirse poco a poco para recibir los míos. En el instante en el que una mujer entró ocasionando que nos separáramos como dos cargas iguales, pero nuestra atracción iba más allá de eso, capaz de contradecir las leyes de la física, del universo..
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Salí del baño con la cara encendida como si me hubiese tomado un trago fuerte y sin pausa. Sentí que se me notaba a leguas lo cerca que estuve de besarla, sentía que mi hermano descubriría mis deseos, mis labios muertos de sed por besar a su novia, mi piel quemándose por no estar junto a la de ella. Me senté y seguidamente ella. Cenamos, yo sin ganas, sin apetito alguno, solo deseaba irme, encerrarme en mi habitación, llorarla, amarla, callarme y gritarle a mis paredes lo que sentía. Las horas pasaron lentas y pesadas yo la miraba, ella lo miraba a él y así pasó la noche. Nos fuimos a casa y corrí a mi guarida, ahí permanecí largo rato estática en la cama aún incrédula y repasando todo lo que en tan pocas horas había vivido. Mi hermano me interrumpió como de costumbre y con picardía y en susurro me informó que ella pasaría la noche en nuestra casa, siendo esto el inicio de una terrible pesadilla.


Los celos estaban haciendo fiesta en mi habitación, se burlaban de mí, me hacían muecas, y reían sin parar. Me sentí exhausta, molesta, celosa, triste e impotente. Era un cóctel de sentimientos que estaba dispuesta a tomarlo a la fuerza. Tenía que resignarme, ella era prohibida, no podía ser una traidora sin decencia. Pero ¿qué sabe el corazón de decencia? Mientras dormitaba con la cabeza llena de pensamientos escuché un golpeteo suave en la puerta, me levanté a abrir y solo sentí unos labios suaves, carnosos y dulces posándose en los míos. Cerré la puerta de reflejo y caímos en la cama como delfines haciendo su hermoso show, nos besamos como nunca nadie lo ha hecho, nos hablábamos con besos, con caricias, con piel, con deseos. Intenté detenerme pero mi debilidad por ella era inmensa, más fuerte que yo, me olvide de él, del mundo entero y me entregué a ella como pájaro al viento. Fuimos un solo cuerpo, yo me fundí en ella y ella en mi, tiramos de nuestras ropas e hicimos un espectáculo de pieles, besé su cuerpo sin excepciones, ella besó mis rincones y se detenía para hacerme volar. No hicimos el amor, fuimos mas allá de eso, hicimos algo que jamás se ha hecho, algo que no se ha inventado, eso fue más que hacer el amor, nos reconstruimos. Nuestros cuerpos exhaustos y sudorosos se iluminaban con una luz muy tenue proveniente de mi lámpara. Nos quedamos dormidas, ella en mi pecho y yo protegiéndola con mis brazos. Cuando un fuerte golpe en la puerta nos despertó viendo los ojos de mi hermano arder en llamas.


Desperté sudorosa y con el corazón latiendo tan fuerte que lo sentía en la garganta, todo había sido un sueño, una pesadilla, o peor que eso, una película muy mala. Estaba sentada desde hace dos horas en la sala de espera del aeropuerto esperando a mi hermano, estaba tan agotada que me dormí sin pensarlo, realmente esa chica estaba enloqueciéndome me hacia tener pesadillas, sueños recurrentes, la recordaba, la imaginaba las 24 horas del día, suspire y agradecí al cielo que todo había sido un sueño. Por fin escuche que el vuelo donde venía mi hermano estaba aterrizando, me levanté a esperarlo unos minutos y lo vi venir, corrí hasta él y nos abrazamos como cuando éramos unos niños, nos llenamos de besos una y otra vez. Cuando ya le pedía marcharnos a casa, me pidió unos segundos y se dirigió a los baños públicos. Yo me distraje con su equipaje, cuando de pronto miré que ella venía hacia mi tomada de su mano. Ella, con el cabello lacio, hermoso, vestía una chaqueta oscura y jeans negros y ese aroma, del que tanto he hablado. Él se dirigió a mi presentándome con orgullo y esmero a su flamante esposa, en ese instante me di cuenta que aún no había despertado de la pesadilla, apenas comenzaba.


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jueves, 7 de agosto de 2014

¿De dónde llegaste?

No sé de dónde llegaste. Llegaste como cualquier casualidad provocada, como la lluvia cuando se pide a gritos para que moje la tierra sedienta, como el sol con sus rayos cuando nos quema la piel de bruces en la arena blanca. Como olas sonrientes que nos dibuja el horizonte, con los vuelos de gaviotas al ras de las montañas. No sé de dónde trajiste tus pasos como bendición en medio de las tormentas, como cascada de vida en algún rincón del mundo, milagro de Dios, lluvia de estrellas, ángel sin alas, sonrisa perfecta. Eres una sorpresa de la vida, como cuando la felicidad te golpea el alma y solo puedes sonreír y nada más, como abrazo en la noche fría, como caricias de manos suaves, como besos dulces de esa boca que tanto se ama. No sé de dónde llegaste, llegaste como cualquier casualidad provocada, como ese milagro que tanto se pidió y había tardado en llegar, como la luna cuando sonríe detrás de las nubes oscuras, como el mejor regalo jamás esperado, llegaste así, como quien no sabe de tu llegada pero te sueña desde siempre.



Estando sentada de espaldas al sol

Caminos y huellas, hojas secas, brisa fresca y parejas de la mano caminando con sutil felicidad manchando sus mejillas. Una bicicleta de color opaco a lo lejos confundiéndose con una carretilla de madera. Un sombrero con sus hombros y un señor de años con sus helados, el tintineo de la campanilla, niños eufóricos , descalzos danzando, madres y hermanos con gritos y risas, helados y estrellas con arenas blancas de espaldas al sol. Caída en la marea, con olas violentas, ojos pequeños, sonrisa mojada y el cabello como hilo enredado se deshacía de la nada. De espaldas al circo con carpas en la orilla de la playa, con música suave, bebidas alocadas, chicos sin frenos, sin mañanas siniestras, ni corbatas. Muñecos de arenas rompiéndose en la bruma escarchada, botellas de esas bebidas cuerdas que ahora se cuelan por las venas, pintando de luces las nubes blancas. Palmeras vivas, tan vivas que cantan, susurran con el viento montañoso que se cuela por las rocas golpeadas. Vivas palmeras que adornan mi carpa, sombra fría de coquitos salados, piel roja de soles, sonrisa mojada de arenas, sentada de espalda a la luna que se esconde. Huellas profundas, inmensas, cargadas; mochilas pesadas de sueños, zapatos atados gastados, sin pasados, ni esmeros. Montañas, palmeras, arenas doradas; huellas, risas, niños descalzos, gritos y cantos, mi carpa, mi circo y tú, sentada de espaldas al viento. 


Escape

Escape:


Escape del tiempo, fuga de horas sin relojes, pasos en la alfombra empolvada por los años. Grietas en las paredes y escape, escape de segundos y manecillas rotas, escape por la ventana desordenando viejas cortinas rasgadas. Suciedad de pisos y discursos escurridos en amarillentos papeles, camas solas con almohadas cargadas de secretos, escape de lámparas rotas muertas de luces. Invierno en el jardín que un día fue verde. Hoy llora, plantas pintadas en el viento que silba y llora, llora perdido y escapa de las paredes que se agrietan sin los cuerpos sin sus almas. Escape por el sótano que miente y pare fantasmas, humedad y polvorientos recuerdos en cajas. Escape por las rejas, por las puertas semicerradas, crujientes de adioses y de vidas pasadas. Escape por los cielos, por los tiempos del pasado que hoy vuelven, escape de mi vida que se marcha. Escape de mi alma que se impregna de vida ausente, de vida apagada; escape sin regreso de una casa fantasma que grita cuando todos callan. Habitante que duerme y escapa, escapa de un temor silencioso, que brinca en las sienes de los que estampan sus huellas, en una sala polvorienta con relojes de manecillas desgastadas.




Es hora


Es hora de que empiece a superar lo insuperable y de romper lo irrompible, empezaré por hacer realidad lo irrealizable y de hacer creíble lo increíble. He de olvidarte, inolvidable eres, olvidable te haré. Y me muero poquito a poquito cada mañana, celebrando un año más de vida me desgasto, mientras te hago impensable te pienso y así me muero otra vez. Es hora de que empiece a reemplazar lo irreemplazable, a no escuchar los ruidos y refugiarme en lo inalcanzable de un sueño perdido. He de borrarte, imborrable eres, borrable te haré, aunque duelas dentro, en la profundidad de mi piel. Y me muero poquito a poquito bebiendo café en el viejo tren, he de cansarme de lo incansable, he de olvidarte, he de morirme tal vez


Tú destacas entre lo que me gusta y lo que amo

No me gusta lo común, me gustas tú. Me gustan los piercing en los labios, los tatuajes en los hombros, un café caliente, una noche fría, una sonrisa de mujer, un día en pijama. Me gustas tú y las miradas profundas, la poesía , los besos lentos , los abrazos apretados, el amor y los cachorros. Me gusta saber que existes y un par de rompecabezas de la Mona Lisa, un día de playa, el jugo de mora, una botella de vino y un cigarrillo. Me gusta tu locura y los colores oscuros, me gusta Picasso , el rock pesado, el pasado con olor a flores, el amor de mis hermanos, tus manos, me gustas tú. Me gusta tu nombre en mi ventana, las papitas , ensaladas, las pantuflas en las mañanas y un domingo de bostezos en la cama. Me gustan las mujeres, me gustas tú, me gusta sentarme a esperar que sonrías, cenar en compañía , leer tus letras torcidas y dormir hasta el mediodía. Me gusta saber que el sol se enciende con tu mirada, me gustan tus ojos, los cuentos de hadas, los paseos por la playa, los ancianos felices, los niños que ríen, el dulce, los chocolates derretidos, un abrazo de amigo , y contigo, me gusta tanto estar contigo. Son tantas las cosas que me gustan que me llevaría la vida entera en ordenarlas, pero en mi mente , en mi vida y en la cinta de este regalo está tu nombre tatuado, como lo que más me gusta, lo que más amo.

Mientras espero la lluvia y un recuerdo se pinta en mi cielo

Que me permita un abrazo, tan solo un abrazo. Sentirla de nuevo pegadita a mi pecho, con el compás de mis latidos sin frenos, con el eco en las paredes de este corazón loco que no conoce límites. Pasar mi mano por tu cabello y la otra por la espalda, susurrarte al oído que serás feliz y que yo de lejos oraré por ello. Despedirme en definitiva, sin guiones , ni bibliografías, sin escenas, sin ambientación ni personajes antagonistas. Solo tú y yo en un último abrazo, fundido de recuerdos y pesares, entre flores con alas en el cielo, entre nubes de hielo con perros vestidos de grises, con pieles nuestras de perfumes eternos. Mirarte a los ojos como última opción, reflejarme en esas tristes ventanas con tantas risas disimuladas, con esas lágrimas congeladas para no parecer tonta, con esa mirada que grita y que calla tanto, que ama tanto, que sufre tanto. Atreverme una vez más, parecer una loca sin futuro y fijarme en tus labios secos, convertirlos en lagos verdes, transparentes, cálidos. Besarte como apegándome a tu alma y no gritarte más poemas sueltos, impregnarte con mi sabor de años infinitos, de largas esperas, de inmutables regresos. Sentir tus dedos fríos entre mis dedos sudorosos, soltarte como quien suelta una estrella en el firmamento, imaginable, fantasiosa, invisible, mentirosa. Dejarte correr detrás de esferas con mapas desiertos, con tu oasis de felicidad y mi amor como rompecabezas en el techo, difuminado, tonto e incompleto.





Complicidad


Estuve el día entero esperando a que volteara a mirarme, como suele mirarme cuando estamos a solas, pero solo levantó la mirada en mi dirección para despedirse fríamente. Tomó una mano que no era la mía y se marchó a un hogar que no es el nuestro. Esa noche la esperé con las luces encendidas, dejé su cena en la mesa y la cama preparada para su descanso. No llegó, debieron detenerla, quizás le hicieron el amor. 

Nos miramos de reojo al día siguiente, dejé una nota escondida en su jarrón y pasé la mañana entera esperando su atención, ni en el baño fue justo esperarla, ella nunca llegó. 

En la tarde cuando todos se marchaban la arropé en un abrazo frente al ventanal, nos fundimos en un beso que me desgarró el alma, pues en sus labios sentí que estaba cerca el final. 

Adiós, soltó mi mano. No debo seguir así, afuera me espera alguien , no me detengas, no pertenezco aquí. Poniendo sus dedos en mis labios me calló miles de palabras por decir, se sacó una daga de la chaqueta y de rodillas caí. 

Esa noche manché mis sábanas de rojo, de fuego mi habitación , mis ojos murieron lento, se me hizo ceniza el corazón. 



Novia


Novia, ¿qué significa el término? ¿Será tu nombre? ¿ Será tu vida y lo qué haces? Novia, me gusta como se tilda cuando lo menciono frente a tus ojos, cuando lo pronuncio a tus oídos y las mejillas se te manchan de un rojo intenso. Novia, ¿será ahora tu nuevo apellido? ¿O será porque sonrío ? Me gusta cómo te calzan las sílabas y cómo se definen en tus cejas. Novia, sustantivo que baila en tus caderas y me gusta su ritmo y cómo te brinca de oreja en oreja. Novia, es mi verbo cuando de ti se trata, porque se parecen y son sinónimos simpáticos que se inventa mi diccionario. Mi pronombre inmutable, novia, cuyo significado lo sabes cuando te miras en el espejo. ¿Será un término que nació para armarte y yo amarte? ¿Será que es nuestro o tuyo? ¿Será que lo hago mío y te lo obsequio? Solo sé ahora después de leerme miles de teorías semánticas que el significado de novia solo lo encontraré en tu historia, en la que empecé a escribir con tus dedos. Te beso el pelo, novia. Mi novia de años quiero que seas, con sintagmas y enunciados, con gramática tradicional y acentos redondeados. Novia, el cabello en la mejilla te sienta de verano, sentados los besos en la arena, te beso el término en las manos. Novia mía, parezco cuerda demente, para atarte las manos a la cabeza y robarte las cerezas con su otoño. Novia, ¿qué significaba el término antes de ti?



martes, 5 de agosto de 2014

Carta de agradecimiento


Gracias:

A ti, mujer bonita y dulce. Gracias , mil veces gracias y mil maneras me inventaré para agradecerte lo mucho que me das. A ti, mi mitad, mi complemento, gracias, gracias por todo, por tu amor y por el mío. A ti, que llegaste a mi vida para limpiar y ordenar, para pulir y hacer tuyo este corazón que yacía en una cama de hospital. A ti, ojos divinos, ojos que siempre me han leído, gracias. Gracias por cambiarme el rostro, ahora tengo uno que sonríe a diario y se prende de ti, de tus labios. A ti, mi nubecita de agua, que llueves en este desierto y me llenas de vida, me haces volver, resucitar. A ti, mi solecito, siempre iluminándome los rincones oscuros, los pasillos, las habitaciones. Gracias, mi amor, mi ahora pingüinita del polo, mi sonrisita bonita, mi Dulcinea, mi Chepita. Gracias por inundarme por dentro y abrir esta ventana, esta puerta a una nueva vida. Por estos días de intensa pasión y amor, gracias. Por los almuerzos y desayunos, por el café amargo mal hecho y por el con leche perfecto, gracias. Por tu imagen en la complicidad de una cámara, por guindar tus fotografías en mis ventanas, por rayar mis muros con bellas palabras, por darme tus besos y tu alma. Mi pequeña grande , gracias por hacer mío tu camino, por ponerte en mis pasos y por tomar mi mano en este caminar que venía chueco y cansado. Te agradezco tanto y mucho, que mejor dejo de escribirte y corro a besarte, a decirte con labios y latidos que este amor que por ti siento viene en grande.

PD: He callado, silencio, me estoy abrazando a tus labios.



Vuelo, volemos

Estoy volando en ti, bien alto, se siente fresco arriba. Hay mucha paz, se ven las nubes, el cielo muy azul, algunos pájaros alrededor. Te vuelo, eres mi cielo cuando estar aquí abajo no provoca. Me quito los zapatos y doy un brinco en el trampolín que nos regalamos el pasado julio. Me elevo tan alto que toco la barrera del silencio. Contigo vuelo, en ti, mi cielo, mi aire, mis ganas. Llevo un mes de recorrido por este azul intenso, alguien me dijo que falta mucho trayecto. Vamos, tú y yo, no me sueltes, no te suelto. Volemos alto, mi amor, volemos que hay un cielo inmenso,tan inmenso como el tuyo, como el nuestro. 



lunes, 4 de agosto de 2014

Insomnio


En el insomnio de mis noches violetas suelo creer que el cielo a mis pies se acuesta, y la luna y las estrellas enredadas en mi pelo se duermen contando ovejas negras. Dibujo arco iris de sedas en un manto de nubes de agua y con la llave del ave que pasa canto al viento que se cuela por mis venas. Lluevo en la cama y escampo en el suelo, recorro el terreno cubierto de flores y cosecho veranos de soles silvestres, en el insomnio violeta de mis noches de enero. Diga usted si es de Dios contemplar la vida y no besarla, pues, en mis ganas de soñar despierta la tomo sorbo a sorbo como vino colado en un viñedo. El ave se posa en mi hombro y la nube de agua se escurre en mis velas. Viene a mi el insomnio y se esmera, a oscuras me deja en mi noche violeta y soñando me quedo con lluvia en los ojos.



Meditación, suspiros, respiros y algo más IV

Hay tantas huellas en su piel, en su cama ,en su historial de búsqueda, en sus cabellos, en sus manos, en su boca, en su cuerpo entero; que no se halla a sÍ misma entre tanto escombro, entre tanta ceniza. Hay tanto fracaso, tanta caída , tanta mentira que oculta en el espejo; que al mirarse no se reconoce, olvidó que ayer era mujer y hoy es un reflejo opaco de lo que fue. Esa mujer que dice ser firme ante el mundo se desgasta como sal , tan absurda que al cerrar la puerta rompe en llanto de tanta soledad y locura. Le guarda rencor al tiempo que no supo esperarla mientras se maquillaba el último beso para estampar otro de labios nuevos, le guarda rencor a la suerte y a su carácter mutante que antes era su amante y hoy es su veneno. Ella es de esas tantas máscaras que andan con un cuerpo, la máscara la hizo suya y perdió la identidad. Es fanática de los juegos y no de azar, se inventa las virtudes y daña, rompe y vuelve a matar. De ellas hay muchas en la calle que recorro a diario, espero no volvermela a topar; porque no soportaría ver su máscara caer al suelo y tener que reconocerla entera, otra vez, hecha mentira y sal.



Meditación, suspiros, respiros y algo más III


....Despertó de un sueño extraño, pero no le sorprendió toparse con ella en los rincones de la conciencia. Pluma en mano y un sin fin de blancos listos para inmortalizar la letra.
La recuerdo con método y táctica, la recuerdo con símbolos, con nubes fuera de mi cabeza expresando pensamientos, la recuerdo en los sueños, en los trenes, en las duchas frías de los baños solitarios. La recuerdo en el desayuno que tomo en un café camino a la vida, la recuerdo como figuras geométricas pendiendo de un hilo, a veces, como colores opacos o brillantes, cubriendo túneles en un bello parque verdoso. Otras veces parece tener aspecto de perfumes infantiles que despiden los vestidos de las niñas juguetonas tomando un helado derretido; la recuerdo en los rostros de los fieles árboles en hileras por el camino que recorro a diario, la miro en algún restaurante de espaldas a la pared de cristal. Un día la confundí con alguien que tomaba el diario en un torbellino de comerciantes en el centro de la ciudad, me detuve y el alma me gritaba con fuerza frases que no lograba entender, pero no era ella, tan solo la recordaba en los murales de las paredes rotas, en los banquitos azules del parque rodeados de flores, en los vaivenes de los comerciantes cansados, en el ladrido del perro a la luna, en las estrellas fluorecentes en un cielo de madera. A veces, tan solo a veces, la confundo con algunas voces de extraños que tocan a la puerta, con timbres de casas altas,blancas, con jardines de perlas; con alguna guitarra fina, con alguna canción que dicta un amor puro y sin fronteras. A veces, tan solo a veces, despierto sin soñar con sus ojos, sin soñar con su pelo, sin soñar con su risa, pero al verme en el espejo la recuerdo, la recuerdo con la sonrisa gigante, el cabello suelto enmarcando sus mejillas, con un dulce sabor de café, con un desayuno tempranero en una mesa a solas en un hogar poblado de un sin fin de familias. La recuerdo una vez por día, una hora por semana, un mes de por vida, la recuerdo, si, la recuerdo en los mares azules, en las frases cantadas con la brisa, la recuerdo con tan solo respirar o cuando la noche se vuelve día. Hoy la recuerdo y planto una semilla en mi estancia, planto un recuerdo más para no convertilo en pesadilla, lo alimento de tus recuerdos, te recuerdo mientras crece, hoy, mañana, tal vez te recordaré por siempre,dulce pluma manchada de tinta. Te recuerdo tan humana y tan sencilla, no es fácil competir con ellos, con estos recuerdos que se deslizan, ruedan por mi memoria, por mis ojos, por mis mejillas. La recuerdo con música, con elementos matemáticos que me dicen que tu y yo no sumamos nada, que de iguales no parecemos compatibles, sigo recordándola con poesía, geografía y con un cero en psicología. Mi cordura pende de un zapato, de una zuela de zapato que no halla ninguna salida. La recuerdo en arco iris y en juguetes de algodón que me respiran cerca, cerquita de la herida. Hoy se pasea en columpios con ataques piadosos a mi valentía, la recuerdo, duele compadecerse ante vigilantes nocturnos con alitas de culpas y preguntas incompletas. Duermo la siesta mientras la recuerdo, camino despierta mientras la nombro, miro a través de las fotografías, no hay nada que decir, no hay nada que ocultar. La recuerdo. Sí, en definitiva: la recordaré toda mi vida.






Noche


Luz, tráfico y almas. Iban y venían sin saber lo que pisaban. Noche irremediable, manto espeso y pesado cubriendo los hombros de los cansados nadadores de asfalto. Yo iba y veía, caminaba y cantaba la música de las noches ocultas, mientras los vagones se convertían en huesos y rompían al sonar de las cornetas. Arriba esperaban algunos con vidas y yo suspirando la esperaba, los miraba desde acá, desde el ángulo donde se les observa hasta la mancha oscura en el alma. El tráfico indescifrable y la luz más espesa como el manto cubierto de noches, de esperas y de almas. Noche, señalando a todos y ordenando destinos al azar, te busco entre la gente como gota perdida en la espalda, recorriendo el centímetro de cemento pesado. Noche asfáltica y ruidosa, calor y luna, tú en la multitud y yo desde lejos, cantando las lunas nuevas. Pareces perdida yo parezco ausente, tú me buscas yo te encuentro, pero no eras tú, era una silueta oculta que moldeaba tu figura al rayo de luna. Corrí detrás de aquéllos humos, huí sin piedad del humano desastre, por fin te pude encontrar, en la calle transversal donde el manto no cubría espacio y los huesos no se habían quebrado al pie de las estrellas negras.



domingo, 3 de agosto de 2014

Mi café

Mi café de siempre, mi brebaje, mi bebida de placeres, mi tinto y con leche, compañero de amaneceres. Lo bebo cuando escribo y caliente, en las tardes en compañía, en las noches en silencio. A veces tibio , a veces hielo. Dejo que bese mis labios y humedezca mi cielo. Que me atrape en su negrura y calidez, en su humeante vida me mezo. Mi café de madrugadas cuando no duermo, a veces sin azúcar, a veces tan amargo como sus besos, los míos, los nuestros. Mi dulce tinto, mi amargo compañero, mi café de estrellas. Con un cigarrillo suena perfecto, cuando llueve y hace frío, cuando tengo miedo, cuando leo poesía en un viejo cuaderno. Mi humeante amigo, mi café negro, mis papilas te degustan y te aman, mi alma se calienta en tu fuego. Mi café de siempre, mi brebaje, mi bebida de placeres, mi tinto y con leche, mi viejo amigo, mi antídoto perfecto. 



Yo escribo, tú bailas

Dedicado a todos los que en algún momento del día se detienen a leer lo que con tanta pasión les escribo.

Este cosquilleo por la escritura me empezó hace mucho tiempo, cuando mis letras no tenían rumbo y la mala ortografía empañaba mis textos. Lo sentía como una ventana a otro mundo, donde me podía asomar y ver un paisaje difrente, otro sol, otros colores que de este lado de la ventana no podía ver. Debía pulirme, debía enderezar la caligrafía y desaparecer los errores de ortografía. Nunca creí en aquellos años de mi infancia que este sería mi camino, mi destino a futuro, mi escape, mi sillón para descansar. No creí nunca llegar a componer textos tan extensos con ideas en concreto, sin embargo, mis letras se fueron enderezando y mis errores ya no estaban, permitiendome crear textos más claros, más firmes, más creíbles. La vida me llevó a donde me tenía que llevar, a un sitio donde mi creatividad fue cuidada como una planta. Fue regada a diario con literatura de grandes hombres, con teorías literarias que me enseñaron a caminar con pasos firmes por este terreno que parece fácil pero resulta complejo. De esa forma mis dedos empezaron a bailar más seguido, mi mente hablaba de tal manera que no podía callarla, solo escucharla y escribir, escribir hasta que mis dedos dolieran y mi ojos se cansaran. Escribir se convirtió en un grito al aire, mi grito, mi forma especial de hacer bulla , de decir: "aqui estoy". Mi salida próxima, mi luz en el tunel, la manera sutil de quitarme la mordaza y gritar lo que siento. Escribo para no dormir, escribo cuando quiero llorar, escribo cuando la felicidad me explota, escribo para callar a otros, escribo para alguien y para todos, escribo para mí, para conversar conmigo y no parecer loca. Ese baile de dedos y mente es constante, no para, no descansa. No me canso de ellos y de su baile. Y me canso menos cuando ustedes, los que me leen , me hacen sentir como alguien que escribe como profesión y no como desahogo. Ustedes suben el volumen de la música y estos dedos que no paran enloquecen y bailan, sudan, bailan, saltan. Ustedes aplauden y ellos siguen bailando felices. Los que me leen, los que me hacen sentir grande cuando me leen, los que hacen que escriba y escriba por ustedes, gracias, no lo merezco, pero gracias. Gracias por su atención y palabras, por sus halagos dulcísimos, por tomar parte de su tiempo y detenerse a volar conmigo en letras, un ratito pero bastante. Mis dedos seguirán bailando para mi, para todos, para los que me leen. Disfruten de mi baile. Pero, ¿qué tal si me acompañas en este?



Las sombras

En lo oscuro, en la más profunda oscuridad me escondo, detrás de las pieles oscuras y los cabellos negros. Me escondo para no gritar, para no cantar , para no sufrir delante de ellos, de los que me juzgan en la claridad de la luna. En la noche que se va apagando despierto de un sueño sudoroso, me veo bailando sin zapatillas y sin canciones; solo caras que ríen y simulan ser estrellas colgadas de cuadrados soles. Despierto con la luz en los párpados, era una luz tan pesada como mármol, tan gruesa como montañas, tan pulcra como cielos. Caminé descalza por caminos polvorientos, tropecé con sueños florecidos en árboles negros, me escondía de las estrellas guindadas en el firmamento, lejanas, solas , en silencio. Desperté de un sueño verde, en una cama blanca, en un pasillo desierto; a mi lado una lámpara con luz opaca y al final unos zapatos zumbando en el espejismo del suelo frío y del techo. La aguja en el brazo me avisó que debía seguir soñando, pero esta vez no soñé, desperté sin sueños, dormí en un profundo lago azul, tan profundo que se ennegrecía en la humedad de su infinito fondo. Desperté de un sueño sin forma, con estrellas redondas y lunas de cristal. Y al final, un vestido blanco reflejado en la más profunda oscuridad.


Con el alma dormida sueño con escribir


Tengo una sequía poética terrible, no he podido escribir ni un verso, desde hace un tiempo no me concentro, no me hallo en las letras, pero te recuerdo. Tengo un vacío literario que me enferma, deseo gritar como siempre, en mis poemas. Volar otra vez, irme de este mundo y llegar al mío, donde solo habito yo y mis escritos, pero te pienso. Me atormenta sentirme sin inspiración, falta de musa, de café, de noche, de lunas. Ya ni las estrellas redondas ni las lunas cuadradas de aquellos poemas míos se aparecen; solo tu, en mi mente, punzante como aguja, constante, puntual, y te pienso otra vez cuando intento escribir algo que no sea de ti. Que triste me siento por no lograr rimas, por no escribir sonetos, por ni siquiera asomarme a un verso, solo te pienso y oscurezco, la sequía de versos me llueve, si, contradictorio pero cierto. Escribí una oración una perfecta noche de lluvia y vientos, pero al estruendo de la campanada en los árboles funestos, te apareciste, terriblemente en mis pensamientos. Luna , lluvia, noche, silencio, y tu ahí , clavada en mi pecho, doliéndome en el alma y yo sin escribir un verso. Acabada y sin aliento he quedado ante esta lucha de recuerdos, decidí rendirme ante ti y desnudarme el alma para volverte a escribir.
Y se me despierta el alma y la desnudo. Suelo escribir de madrugada, con el cabello tendido en el vacío. Suelo ver todo de revés, así, con los ojos al cielo y a la pared donde te tengo estampada. Me hundo en el negro techo de piedra tostada y renazco , muero, vuelo sobre ti, aterrizo en tu espalda y me bebo una taza de tu piel. Salto, corro desnuda y descalza, con los ojos puestos en tus raíces , me dejo romper en pedazos y mi cabello tendido en el espacio se moja de ti. Así suelo escribir , de pronto y sin planearlo, me vuelve a mis labios ese sabor amargo que dejaste en mi, te hago poesía, te recuerdo dormida y con los ojos al cielo, de revés al recuerdo me olvido de ti. He de odiarme por pensar que tu pensar agoniza en mi nombre, porque pensar en ti y en tus pensamientos ha de ser un terrible tormento que se apodera de mi. Lo saben todos cuánto he de amarte, pero lo escondo para engañarme, pues no pierdo la esperanza de que algún día tu nombre, tu cabello, tu vida y tus sueños se alejen de mi. Y se me duerme el alma y la visto de ti.