Verte de lejos fue como volver a
vivir, ver como poco a poco te acercabas a mí entre multitudes de desconocidos.
Te reconocí, tus pasos sonantes me advirtieron tu llegada, te reconocí sin
mirarte, sin saber que tu mirada penetraba en mí, te reconocí, mi dulce. Sentía
flotar entre nubes lluviosas, caminando ente huecos pálidos del cielo, entre
ángeles con alas iluminadas. Sentí a Dios acariciándome la espalda, dándome la
recompensa a mis noches sufridas, a mis días sin soles y a mis noches sin
lunas. Te vi llegar entre recuerdos, imágenes y fotografías mentales que guardo
con celo desde que partí de tu alma. Fue nacer de nuevo, en tantos oscuros que
me acompañan, en tantas dudas y posibles mañanas. Te vi, mi dulce, te vi y no
era un sueño. Eras tan real como mi reflejo, como el reflejo de lo que soy sin
ti en este mundo de locos y cuerdos.
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