lunes, 28 de julio de 2014

Regresa


No te vayas, le dije -Aún hay café en tu taza y no se ha enfriado. 

Debo irme, me dijo - El corazón se me ha enfriado y no queda una gota de café. 
Caminó con prisa hacia la puerta, corrí hasta ella, la tomé por el brazo y vi en su mirada mucha tristeza. Comprendí que debía dejarla ir, sus pupilas ya no se dilataban al verme tan cerca. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario