Te escribo por inercia, por impulso nervioso o por despecho. Te escribo desde cuatro paredes que ahora son más feas y me encierran más que antes, te escribo desde una prisión emocional que me acaba de condenar a cadena perpetua y trabajo forzado sin derecho a apelación. Te escribo para informarte de mi estado de ánimo y de salud. El primero por el suelo y el segundo en el mismo camino, ahora me fumo dos cajetillas al día y bebo café con locura y sin leche, amargo, tan amargo como tu ausencia. No vengas a verme, no me reconocerías, estoy pálida y he enflaquecido, sin embargo, te espero cada día de visita pero nunca llegas. Leí todos los libros de la biblioteca y pedí quedarme con un par de Julio Cortázar, estoy caminando encorvada, ha de ser por el peso de la soledad y la monotonía. Esta prisión es tan fría como tu recuerdo, aún así, amo este sitio tanto como llegué a amarte a ti, con pasión y desenfreno. Ayer murió un compañero de celda, quizás murió de resignación , no me atreví a preguntar, me dio miedo, mucho miedo. Te escribo porque se que al leerme escuchas mi voz y lloras bajito en el baño para que nadie te mire las lágrimas. Esas lágrimas saben a mi y me llena de placer, es placentero saber que aún te conmuevo. He perdido fuerzas, pero me obligan a levantar peso todos los días en el depósito, cuando descanso escribo algunas oraciones , la letra temblorosa es por mi pulso afectado, las manchas son del sudor de mis manos, y lo arrugado del papel por tenerlo en el bolsillo. Siento mi final cerca, pero no me entristece porque desde que te perdí morí en aquella estación de tren, desde entonces ando en piloto automático; soy solo un cajón vacío programado para vivir. Te escribo desde mi encierro, donde me siento ya a gusto y como en casa. Sé feliz, yo lo seré cuando sepa que tu lo eres. Me despido, ya debo regresar con los otros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario