martes, 22 de julio de 2014

DE ALGO HAY QUE MORIR

De algo hay que morir, mi querida amiga. No te escondas, no huyas, no te arrepientas de un amor que fue eterno. De un terno amor de días que te despegó suspiros viejos que guardaba tu garganta. No te arrepientas de las cartas escritas en la madrugada de ayer, rescátalas de las cenizas y envíaselas a quien te supo amar con límites. ¿Para qué llorar lo perdido? Celebra lo vivido, lo cargado de esperanza, los labios nuevos que estás por besar. Mi querida amiga, no culpe al destino, pues ese amor fugado con maleta en mano no te supo amar. No es culpa de Cupido ni de sus flechas sin sentido; culpa al corazón de hiedra que te amo con horas contadas y sonrisas de lunes queriendo ser domingos. No te rindas en esto del amor, aún hay fuerzas y una botella de vino con un cigarrillo para matar el dolor. Te acompaño en esto de llorar las espinas clavadas en la espalda, te sirvo una copa cargada de insomnio y un amanecer gris de otoño sin olor en la piel. No lamentes las risas, no opaques los corazones tontos dibujados en papel, no olvides la vida inventada ni la llegada calculada de ese amor de siglos resumidos en un atardecer. De algo hay que morir, mi querida amiga, de amor moriremos todos y viviendo amando nos desgataremos la piel.

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