La rosa roja en la ventana la
deje ahí para que te sorprendiera cuando fueras a darle la bienvenida a los
rayos del sol. Coloqué en la mesa, al lado de tu desayuno, uno de mis mejores
versos; con una rima latente y rica. Endulcé tu jugo y tosté tus panes como te
gustan, llené la tina de burbujas rosas para que te des una ducha refrescante y
empieces el día con una sonrisa. En tu mesa de trabajo dejé un inmenso te amo
con mi perfume y un corazón mal hecho, unos cuantos chocolates para pelear con
tu dieta y una cita para vernos en unas próximas horas. Olvidé un pedazo de mi
corazón en tu cama, debió haber quedado
debajo de tus sábanas o asfixiado con la almohada, no te preocupes en
devolvérmelo lo dejé ahí con intención. No me gusta tener cosas ajenas conmigo
y esa mitad tiene tu nombre. En la sala encima del sofá negro te dejé una caja
con un lazo rojo, sé que el vestido está sexy y provocativo, pero como eres
toda una dama lo lucirás como una reina. Siento no haberte avisado al marcharme
esta mañana, te veías tan hermosa dormida, que preferí sentarme a dibujarte,
mientras tu medio cuerpo desnudo me inundaba la mirada. Debo marcharme de inmediato,
el anillo que te prometí lo vi hoy a mitad de precio, sé que no es nada
romántico pero ya sabes que me gasté el sueldo en libros y pinturas. Por fin
sustituiré el anillo de diamantes en fantasía por uno verdadero con nuestras
iniciales inscritas. Buen día, mi dulce, perdona si el jugo quedó ácido y los
panes quemados, no soy buena en la cocina, lo mío es la poesía y ahí te preparo
los mejores manjares. Despierta sonriendo, regresaré pronto; no prepares
almuerzo, lo que tengo preparado nos quitará el apetito.
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