Mi dulce, mi dulce... Duermes mientras yo me peleo con el insomnio, debo confesarte que gran parte de mi desvelo se debe a ti. Sí, a ti, culpable eres, culpable de tantas cosas que deberías pagarlo con creces. Eres culpable de esta sonrisa que no se disfraza ante nadie, de estos latidos de maratón, de esta sensación de susto y alegría, de mis días azules y de mis días rosas... Te culpo a ti de mi felicidad y deberás pagar con la vida. Con tu vida a cambio de la mía. Mi dulce, mi pequeña, mi amor. Aquí me tienes, enamorada de esos ojos tuyos que me hablan y me cautivan, aquí me tienes volando al ras de las nubes, tocando el cielo con la nariz. Deseo tanto cambiar estas almohadas, estas sabanas, esta cama fría por tu compañía. Me bastaría con contemplarte la noche entera, robarte un beso y dormir a tu lado, feliz. Mi vida, mi amor, despierta bonito. Aquí yo estaré queriéndote, un poquito más que ayer, un poco más, un montón más.

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