Dedicado a todos los que en algún momento del día se detienen a leer lo que con tanta pasión les escribo.
Este cosquilleo por la escritura me empezó hace mucho tiempo, cuando mis letras no tenían rumbo y la mala ortografía empañaba mis textos. Lo sentía como una ventana a otro mundo, donde me podía asomar y ver un paisaje difrente, otro sol, otros colores que de este lado de la ventana no podía ver. Debía pulirme, debía enderezar la caligrafía y desaparecer los errores de ortografía. Nunca creí en aquellos años de mi infancia que este sería mi camino, mi destino a futuro, mi escape, mi sillón para descansar. No creí nunca llegar a componer textos tan extensos con ideas en concreto, sin embargo, mis letras se fueron enderezando y mis errores ya no estaban, permitiendome crear textos más claros, más firmes, más creíbles. La vida me llevó a donde me tenía que llevar, a un sitio donde mi creatividad fue cuidada como una planta. Fue regada a diario con literatura de grandes hombres, con teorías literarias que me enseñaron a caminar con pasos firmes por este terreno que parece fácil pero resulta complejo. De esa forma mis dedos empezaron a bailar más seguido, mi mente hablaba de tal manera que no podía callarla, solo escucharla y escribir, escribir hasta que mis dedos dolieran y mi ojos se cansaran. Escribir se convirtió en un grito al aire, mi grito, mi forma especial de hacer bulla , de decir: "aqui estoy". Mi salida próxima, mi luz en el tunel, la manera sutil de quitarme la mordaza y gritar lo que siento. Escribo para no dormir, escribo cuando quiero llorar, escribo cuando la felicidad me explota, escribo para callar a otros, escribo para alguien y para todos, escribo para mí, para conversar conmigo y no parecer loca. Ese baile de dedos y mente es constante, no para, no descansa. No me canso de ellos y de su baile. Y me canso menos cuando ustedes, los que me leen , me hacen sentir como alguien que escribe como profesión y no como desahogo. Ustedes suben el volumen de la música y estos dedos que no paran enloquecen y bailan, sudan, bailan, saltan. Ustedes aplauden y ellos siguen bailando felices. Los que me leen, los que me hacen sentir grande cuando me leen, los que hacen que escriba y escriba por ustedes, gracias, no lo merezco, pero gracias. Gracias por su atención y palabras, por sus halagos dulcísimos, por tomar parte de su tiempo y detenerse a volar conmigo en letras, un ratito pero bastante. Mis dedos seguirán bailando para mi, para todos, para los que me leen. Disfruten de mi baile. Pero, ¿qué tal si me acompañas en este?
Este cosquilleo por la escritura me empezó hace mucho tiempo, cuando mis letras no tenían rumbo y la mala ortografía empañaba mis textos. Lo sentía como una ventana a otro mundo, donde me podía asomar y ver un paisaje difrente, otro sol, otros colores que de este lado de la ventana no podía ver. Debía pulirme, debía enderezar la caligrafía y desaparecer los errores de ortografía. Nunca creí en aquellos años de mi infancia que este sería mi camino, mi destino a futuro, mi escape, mi sillón para descansar. No creí nunca llegar a componer textos tan extensos con ideas en concreto, sin embargo, mis letras se fueron enderezando y mis errores ya no estaban, permitiendome crear textos más claros, más firmes, más creíbles. La vida me llevó a donde me tenía que llevar, a un sitio donde mi creatividad fue cuidada como una planta. Fue regada a diario con literatura de grandes hombres, con teorías literarias que me enseñaron a caminar con pasos firmes por este terreno que parece fácil pero resulta complejo. De esa forma mis dedos empezaron a bailar más seguido, mi mente hablaba de tal manera que no podía callarla, solo escucharla y escribir, escribir hasta que mis dedos dolieran y mi ojos se cansaran. Escribir se convirtió en un grito al aire, mi grito, mi forma especial de hacer bulla , de decir: "aqui estoy". Mi salida próxima, mi luz en el tunel, la manera sutil de quitarme la mordaza y gritar lo que siento. Escribo para no dormir, escribo cuando quiero llorar, escribo cuando la felicidad me explota, escribo para callar a otros, escribo para alguien y para todos, escribo para mí, para conversar conmigo y no parecer loca. Ese baile de dedos y mente es constante, no para, no descansa. No me canso de ellos y de su baile. Y me canso menos cuando ustedes, los que me leen , me hacen sentir como alguien que escribe como profesión y no como desahogo. Ustedes suben el volumen de la música y estos dedos que no paran enloquecen y bailan, sudan, bailan, saltan. Ustedes aplauden y ellos siguen bailando felices. Los que me leen, los que me hacen sentir grande cuando me leen, los que hacen que escriba y escriba por ustedes, gracias, no lo merezco, pero gracias. Gracias por su atención y palabras, por sus halagos dulcísimos, por tomar parte de su tiempo y detenerse a volar conmigo en letras, un ratito pero bastante. Mis dedos seguirán bailando para mi, para todos, para los que me leen. Disfruten de mi baile. Pero, ¿qué tal si me acompañas en este?

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