Estuve el día entero esperando a que volteara a mirarme, como suele mirarme cuando estamos a solas, pero solo levantó la mirada en mi dirección para despedirse fríamente. Tomó una mano que no era la mía y se marchó a un hogar que no es el nuestro. Esa noche la esperé con las luces encendidas, dejé su cena en la mesa y la cama preparada para su descanso. No llegó, debieron detenerla, quizás le hicieron el amor.
Nos miramos de reojo al día siguiente, dejé una nota escondida en su jarrón y pasé la mañana entera esperando su atención, ni en el baño fue justo esperarla, ella nunca llegó.
En la tarde cuando todos se marchaban la arropé en un abrazo frente al ventanal, nos fundimos en un beso que me desgarró el alma, pues en sus labios sentí que estaba cerca el final.
Adiós, soltó mi mano. No debo seguir así, afuera me espera alguien , no me detengas, no pertenezco aquí. Poniendo sus dedos en mis labios me calló miles de palabras por decir, se sacó una daga de la chaqueta y de rodillas caí.
Esa noche manché mis sábanas de rojo, de fuego mi habitación , mis ojos murieron lento, se me hizo ceniza el corazón.

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