viernes, 1 de agosto de 2014

Corazón roto


Una vez me rompieron el corazón con una espada filosa, entrando en mi pecho con tanta suavidad que se cortó en dos pedazos tiernamente. Otro día me lo rompieron con un bate de béisbol, lentamente y por las mañanas, fue tan sutil que no me daba cuenta de los golpes que lo iban destrozando de a poco. Recuerdo también cuando me lo rompieron a mordiscos, como quien se come una manzana roja y jugosa, con hambre, con fuerza y deseo. No olvidaré cuando me lo rompieron de un apretón, me abrieron un hoyo en el pecho y me sacaron al pobre rojo latiendo y lo apretaron tan fuerte que dejó de latir en un charco de palabras ahogadas. También me lo rompieron un verano en la playa, con pisotones de soldados marchando, lo hicieron puré de sueños, asqueroso corazón maltrecho quedó estampado en la arena. Cuando creí que ya no podían romperlo más lo convertí en piedra y llegó alguien experta en rocas y con su pico en el hombro lo convirtió en polvo y para cerrar con broche de oro este desfile de un corazón rojo muerto, culmino contando cómo me rompieron el corazón el pasado otoño. Alguien con deseo de beber un batido de tomate con ajo me arrancó el corazón de tajo y lo puso a batir, haciendo del pobre una merengada con licor y hielo y dejo mi cuerpo entero a punto de morir.



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