Que me permita un abrazo, tan solo un abrazo. Sentirla de nuevo pegadita a mi pecho, con el compás de mis latidos sin frenos, con el eco en las paredes de este corazón loco que no conoce límites. Pasar mi mano por tu cabello y la otra por la espalda, susurrarte al oído que serás feliz y que yo de lejos oraré por ello. Despedirme en definitiva, sin guiones , ni bibliografías, sin escenas, sin ambientación ni personajes antagonistas. Solo tú y yo en un último abrazo, fundido de recuerdos y pesares, entre flores con alas en el cielo, entre nubes de hielo con perros vestidos de grises, con pieles nuestras de perfumes eternos. Mirarte a los ojos como última opción, reflejarme en esas tristes ventanas con tantas risas disimuladas, con esas lágrimas congeladas para no parecer tonta, con esa mirada que grita y que calla tanto, que ama tanto, que sufre tanto. Atreverme una vez más, parecer una loca sin futuro y fijarme en tus labios secos, convertirlos en lagos verdes, transparentes, cálidos. Besarte como apegándome a tu alma y no gritarte más poemas sueltos, impregnarte con mi sabor de años infinitos, de largas esperas, de inmutables regresos. Sentir tus dedos fríos entre mis dedos sudorosos, soltarte como quien suelta una estrella en el firmamento, imaginable, fantasiosa, invisible, mentirosa. Dejarte correr detrás de esferas con mapas desiertos, con tu oasis de felicidad y mi amor como rompecabezas en el techo, difuminado, tonto e incompleto.

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