domingo, 3 de agosto de 2014

Con el alma dormida sueño con escribir


Tengo una sequía poética terrible, no he podido escribir ni un verso, desde hace un tiempo no me concentro, no me hallo en las letras, pero te recuerdo. Tengo un vacío literario que me enferma, deseo gritar como siempre, en mis poemas. Volar otra vez, irme de este mundo y llegar al mío, donde solo habito yo y mis escritos, pero te pienso. Me atormenta sentirme sin inspiración, falta de musa, de café, de noche, de lunas. Ya ni las estrellas redondas ni las lunas cuadradas de aquellos poemas míos se aparecen; solo tu, en mi mente, punzante como aguja, constante, puntual, y te pienso otra vez cuando intento escribir algo que no sea de ti. Que triste me siento por no lograr rimas, por no escribir sonetos, por ni siquiera asomarme a un verso, solo te pienso y oscurezco, la sequía de versos me llueve, si, contradictorio pero cierto. Escribí una oración una perfecta noche de lluvia y vientos, pero al estruendo de la campanada en los árboles funestos, te apareciste, terriblemente en mis pensamientos. Luna , lluvia, noche, silencio, y tu ahí , clavada en mi pecho, doliéndome en el alma y yo sin escribir un verso. Acabada y sin aliento he quedado ante esta lucha de recuerdos, decidí rendirme ante ti y desnudarme el alma para volverte a escribir.
Y se me despierta el alma y la desnudo. Suelo escribir de madrugada, con el cabello tendido en el vacío. Suelo ver todo de revés, así, con los ojos al cielo y a la pared donde te tengo estampada. Me hundo en el negro techo de piedra tostada y renazco , muero, vuelo sobre ti, aterrizo en tu espalda y me bebo una taza de tu piel. Salto, corro desnuda y descalza, con los ojos puestos en tus raíces , me dejo romper en pedazos y mi cabello tendido en el espacio se moja de ti. Así suelo escribir , de pronto y sin planearlo, me vuelve a mis labios ese sabor amargo que dejaste en mi, te hago poesía, te recuerdo dormida y con los ojos al cielo, de revés al recuerdo me olvido de ti. He de odiarme por pensar que tu pensar agoniza en mi nombre, porque pensar en ti y en tus pensamientos ha de ser un terrible tormento que se apodera de mi. Lo saben todos cuánto he de amarte, pero lo escondo para engañarme, pues no pierdo la esperanza de que algún día tu nombre, tu cabello, tu vida y tus sueños se alejen de mi. Y se me duerme el alma y la visto de ti.




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