Carta a mi hermano homofóbico
Hermano, no temas acercarte a mi cuando de pronto mi mano se mueva diferente a la tuya, no me juzgues. No temas contagiarte, no soy portador de enfermedades, me supe sano cuando descubrí mi libertad. Hermano mío, no te rías de mis tacones y de mi maquillaje, me he cansado del disfraz que uso desde que nací. Ven, abrazame, soy tan humano como tú, sangre roja corre por mis venas. No me golpees, hermano, tu violencia no marchitará mis preferencias, al contrario, me acercará más a lo que amo. No me insultes, tus palabras no logran alcanzarme, pero si las escucho fuerte, no es necesario tu maltrato. Hermano, algún día me verás tomado de la mano tu amigo, de tu vecino o de cualquier hombre valiente capaz de amarme en la luz y no escondido. No levantes tu puño en mi contra , no te condenes, ama como yo amo, sin mirar sexos, colores o pasados. Me he comprado un vestido, pienso usarlo en mi cumpleaños, no me taches de aberrado, me siento a gusto así, no me juzgues por mis pasos delicados. Hermano, a pesar de tus tatuajes y tu aspecto de hombre malvado, te amo. Siempre serás mi hermano, aunque golpees a la comunidad donde vivo, aunque me empujes contra las cadenas de un closet, aunque desprecies compartir mi apellido, aunque no me mires como yo te miro, hermano. Hace tanto que no te veía de cerca que hoy decidí acercarme a tu puerta y debo decirte con orgullo y una sonrisa inmensa, que a la dama que piropeaste a la salida de la discoteca era yo, tu hermano Francisco, quien ahora se llama Franchesca.

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